LOS SECUESTROS Y "EL PANTERA"

No existen las casualidades. El día de ayer se conoció la muerte de un joven que por ser hijo de un empresario prominente, acaparó la atención de las notas y columnas nacionales. Tras dos meses de secuestro, previo pago del rescate exigido, apareció su cadáver. Indigna cualquier crimen. También ayer, por los rumbos de Ecatepec, tres asaltantes amagaron a los pasajeros de un microbús y el atraco termino en tragedia. Una criatura de 5 años perdió la vida, además de otro pasajero también. En este caso la escaza fortuna de ambos, no mereció más páginas que la escueta nota.
Ayer también se conoció la renuncia de los subprocuradores generales de la república, encargados del combate al narcotráfico y al crimen organizado. Esta información ampliamente difundida por la prensa mundial, es vista como el ajuste obligado en los cuadros policiacos, ante los magros resultados arrojados, en materia de seguridad y protección ciudadana.
Y aunque no se conocieron cambios en la estrategia y en la política de seguridad nacional, si se supo del condicionamiento que el gobierno de los Estados Unidos, impuso al Gobierno mexicano, dentro de lo que se llama Iniciativa Mérida, el programa conjunto en contra del narcotráfico.
Pero también el día de ayer se transmitió en la programación de Televisa, en horario familiar, una serie policiaca llamada “El Pantera”. Debo confesar que hace muchos años renuncie a ser espectador de la televisión abierta. Pero este fue un caso especial, y me senté cuatro horas para ver una serie mexicana, que me dejo muchas inquietudes, muchas ideas en la cabeza y muy mal sabor de boca. Además me harte y hostigo la cantidad de anuncios repletos de mujeres a medio vestir, seduciendo las partes viscerales de los humanos, que nos acercan a los animales y nos alejan de los dioses.
Por principio, diré que la serie es de pésima calidad y las actuaciones son peores. Exceptuando a los actores viejones, López Tarso, Andrés García y el taxista del micro, el nivel mostrado por todos los demás participantes es terrible. Si en la saga de El Padrino III, la actuación de Sofía Coppola, hija del director de la cinta fue duramente criticada, y es notoria la falta evidente de tablas en todo el thriller, el de ayer, el duelo de protagónicos, entre el Pantera y la Reyna del Sur, da risa y pena; actuaciones inexpresivas, fingidas, sobreactuadas, falsas.
La carencia de credibilidad de las escenas, la apología del crimen, las locaciones en pleno Zócalo del DF o fuera de la iglesia de Santa Prisca en Taxco, vacías, para que estos infelices siembren el terror; la torpeza policiaca que no le atinan un balazo ni al suelo, derrumban una argumentación nada verídica.
Pero como lo mío no es la critica televisiva, sino la cosa política, lo que me provoco horror y repulsión, fue ser testigo del mensaje grosero, vicioso, de la mistificación de la vida nacional. La apología del asesinato, el narcotráfico y la prostitución. Metamorfosis nacional: este es el ideal que te ofrezco. No hay espacio para otra cosa que no sea esta inmundicia del vicio, el exceso y el crimen. Si Cuco Sánchez decía que “aunque la jaula sea de oro, no deja de ser prisión”, estaría bueno que alguien cantara que aunque la cadena sea de oro no deja de ser coyunda.
Hay escenas patéticas, como por ejemplo cuando Rosaura, la hija del mafioso, se esconde de sus persecutores y se mete a bailar en un table dance. ¿Cómo no se le ocurrió esconderse en una biblioteca ¡caray!? ¿Acaso no sabe que los narcos apenas si saben leer?
Pero lo más grave de esa serie, a mi juicio, es el reflejo total del México que se propone Calderón, la oferta calderoniana. Es la existencia, como sinónimo de carácter, de decisión, de, diría Tony Montana, en Scarface, "mi palabra y mis tompiates"; la presencia sucia, mal ejemplo fatal, de los dos principales y creo únicos causales de la pena de muerte, que aun existe en México: el Parricidio, matar a tu padre, y la Traición a la Patria.

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