Monday, November 25, 2013

LA CIVILIZACIÓN DEL ESPECTÁCULO

Al igual y como cuando curse la Preparatoria, en el antiguo Colegio de San Ildefonso en la Ciudad de México, lo primero que nos percatamos los “perros”, los alumnos de nuevo ingreso, era que estábamos inscritos en el cuarto (4°) año, porque la cuenta de la educación media iniciaba en el 1° de secundaria. De la misma manera hay que entender este año de 2013, que comenzó políticamente el 1 de diciembre del año pasado: se trata del séptimo año de un gobierno que se instauro a finales de 1982, pero que adquirió formalmente todo el poder, el 1 de diciembre de 1988 y que concluyo parcialmente el sexenio, el último día de noviembre de 1994.
En este séptimo año, la Presidencia que encabeza Enrique Peña Nieto ha sido obediente con los Magos que lo encumbraron, y a delegado las áreas de control político, financiero, energético, de las comunicaciones, turismo, incluso hasta los asuntos de cultura (de la que este “muggle” –dícese de los advenedizos que no son magos en la serie Harry Potter-  no sabe ni entiende nada) en las manos del “innombrable”, el Señor obscuro peloncito y chaparrito.
Carlos Salinas de Gortari, el Voldemort de esta nueva historia, propia de la Canasta de Cuentos Mexicanos (Bruno Traven), como alquimista ha conseguido que se lleve a cabo la transmutación del sistema político mexicano,  de Dictadura Perfecta –Mario Vargas Llosa- hacia la erección de una Perfecta Dictadura  
“El Señor Tenebroso” o “Quien-no-debe-ser-nombrado”  no ha perdido un solo momento, desde el 1 de diciembre de hace un año, para continuar la obra que su despotismo particular dejo incompleta, cuando grupos antagónicos, perfectamente identificados, le arrebataron el control de la sucesión presidencial. Los que creyeron que la entrega del gobierno de México a los representantes de la clase más conservadora y retardataria nacional, la que se agrupa en el PAN,  haría más expedita y dinámica la anexión del país a los EUA, con quienes se firmo el TLC (acta matrimonial o esquela de defunción, que es lo mismo) en el 5° año de la cuenta salinista y que,  tras una docena de años, los mismos que le “bajaron” el candidato y persiguieron hasta Dublín, se han dado cuenta que fracasaron. Que el periplo Fox-Calderón ha convulsionado al país y ha retardado el objetivo real del Pacto auténtico y original, con los EUA: para subastar, enajenar, anexar colonizar, vender México.
Hago un intermedio para expresar el gusto de estar nuevamente en comunicación con la gente libre y alegre, de carácter y hermosura,  de este sur del estado de México. Un año sabático puede ser el nombre al espacio que decidí tomar para resolver algunos pendientes, concluir obras que me necesitaban –he publicado “Cartas mexiquenses ¡tardamos 70 años pero llegamos!”- ensayar nuevas formas de comunicación con esta región y observar y reflexionar.
He dedicado el mayor de mis tiempos para leer y creo que encontré en una obra reciente de Mario Vargas Llosa – ¡siempre el maestro Vargas Llosa!- la idea que explica el método empleado por Salinas de Gortari para lograr el retorno de del PRI, el hilo de Ariadna que permita a la nación mexicana salirse del Laberinto, tras segar la vida del Minotauro  Cretenestadounidense: se llama Civilización del Espectáculo.

¿Qué quiero decir con civilización del espectáculo? La de un mundo en el que el primer lugar en la tabla de valores vigente lo ocupa la pasión por el entretenimiento, en donde divertirse y escapar del aburrimiento. La creciente disminución del arte y la literatura, el triunfo del amarillismo en la prensa y la frivolidad de la política son síntomas de un mal mayor que aqueja a la sociedad contemporánea: la suicida idea de que el único fin de la vida es pasársela bien.
“Este ideal de vida es perfectamente legítimo, sin duda. Sólo un puritano fanático podría reprochar a los miembros de una sociedad que quieran dar solaz, esparcimiento, humor y diversión a unas vidas encuadradas por lo general en rutinas deprimentes y a veces embrutecedoras”. Pero convertir esa natural propensión a pasarla bien, en un valor supremo, tiene consecuencias a veces inesperadas. Entre ellas la banalización de la cultura, la generalización de la frivolidad, y, en el campo específico de la información, la proliferación del periodismo irresponsable, el que se alimenta de la chismografía, el escándalo y la corrupción.... El bienestar, la libertad de costumbres y el espacio creciente ocupado por el ocio en el mundo desarrollado constituyó un estímulo notable para que proliferaran como nunca antes las industrias del entretenimiento, promovidas por la publicidad, madre y maestra mágica de nuestro tiempo”  
Un factor central en la instauración de la Civilización del espectáculo ha sido lo que en su tiempo fue para los pueblos sometidos por Roma,  el cristianismo; o para los obreros de mediados del siglo XVIII el marxismo, algo que es susceptible a todas las demagogias encantadoras y fascinantes,  y que se puede trivializar como la democratización de la cultura. Un fenómeno que parece positivo pero que con la hegemonía de los medios de comunicación dominantes, particularmente los electrónicos, ha llevado a la desaparición de la alta cultura, obligatoriamente minoritaria por la complejidad y a veces hermetismo de sus claves y códigos, y la masificación de la idea misma de cultura, y en su lugar ha surgido una  forma de cultura que ha relegado al desván de las cosas pasadas de moda el ejercicio de pensar y sustituido las ideas por las imágenes. Es así que los productos literarios y artísticos pasan a ser promovidos, y aceptados o rechazados, por las técnicas publicitarias y los reflejos condicionados en un público que carece de defensas intelectuales y sensibles para detectar los contrabandos y las extorsiones de que es víctima.
Sucede en el arte, la literatura, en el mundo de las ideas, del sexo, el deporte, las religiones, el cine, la música y antes que todas o corolario de este proceso social, en el campo de la Política.
La cultura democrática es aquella donde todo se desnaturaliza  y se deprecia: todo lo que forma parte de ella se iguala y uniformiza al extremo de que una ópera de Wagner, la filosofía de Kant, un concierto de los Rolling Stones y una función del Cirque du Soleil se equivalen a la música de Jenny Rivera, Los Pajaritos de Tacupa, Laura Bozzo, o  que Vicente Fox y el mismo Enrique Peña Nieto se equiparen con Lázaro Cárdenas.
No es por eso extraño que la literatura más representativa de nuestra época sea la literatura light, es decir, leve, ligera, fácil.  Los lectores de hoy quieren libros fácilmente asimilables, que los entretengan y esa demanda ejerce una presión que se vuelve un poderoso incentivo para los creadores. Sucede lo mismo con la música, e incluso con las drogas que alguna vez fueron experimentales por Freud o inspiradoras como el ajenjo y los poetas románticos. Entonces da lo mismo confundir a Carlos Fuentes con Enrique Krause.
En la civilización del espectáculo el cómico es el rey, el intelectual sólo interesa si sigue el juego de moda y se vuelve un bufón, la critica solo existe si es “positiva” si alienta al consumo, si hace que las cosas se vendan, si el mercado los recibe y adquiere, si no producen el trabajo de pensar y el dolor de entender. Civilización del espectáculo construida para que la gente obedezca y no pregunte, para que ría sin comprender, para dormir con los ojos abiertos, para soñar lo que le dice el poder.
Concluyo esta primera entrega, nuevamente en el Periódico decano de Tejupilco y el sur del estado, alertado con esta sentencia de Vargas Llosa: “En nuestros días, el intelectual se ha esfumado de los debates públicos, Conscientes de la desairada situación a que han sido reducidos por la sociedad en la que viven, la mayoría de los intelectuales han optado por la discreción o la abstención en el debate público… dan la espalda a lo que hace medio siglo se llamaba el “compromiso” cívico o moral del escritor ¿Qué ha conducido al empequeñecimiento y volatilización del intelectual en nuestro tiempo?, la verdadera razón para la pérdida total del interés de la sociedad en su conjunto por los intelectuales es consecuencia directa de la ínfima vigencia que tiene el pensamiento en la civilización del espectáculo”
No pensar es el sostén de la dictadura. La diversión baladí es el medio. El miedo y la ignorancia el vehículo que lleva y trae, mantiene y entretiene. Yo asumo mi compromiso. I’ll be back

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