Thursday, January 22, 2015

“PROCESO” AL ESTADO DE MÉXICO

Todos lo sabíamos, lo esperábamos, incluso lo temíamos: el regreso del PRI al Gobierno de la República vendría acompañado de una persecución en contra de todas las voces independientes o contrarias.
Los medios para hacerlo, los de siempre: compra de plumas, cooptación favoritaria (hacer favores y diseñar favoritos), amenazas veladas, abiertas, chantaje, extorsión, asesinato y muerte. Pero son dos los métodos más empleados para callar al periodismo de opinión libre y socialmente responsable, por una parte, es el desprecio y la ignorancia deliberada de las voces discordantes con el mundo fantástico que le interesa al PRI y en general al sistema de partidos de Estado (PAN, PRD, PVEM y PANAL); por la otra son los “convenios” suscritos entre los medios de comunicación y los Gobiernos, tanto en el ámbito federal, como estatal y municipal.
Si en Veracruz o Tamaulipas, el modo empleado que predomina es la violencia en contra de los periodistas, en el estado de México, el estilo Rafael Vilchis Gil y Arévalo (Sol de Toluca), heredero ingrato de prosapia de Carlos Denigri “la leyenda negra”, es la “ley” que se imita y se consigue con facilidad. Es la costumbre, de suscribir un acuerdo por el cual periódicos, radio y televisión reciben determinadas cantidades de dinero por hablar bien de la parte contratante y de no hablar nunca mal del patrón-gobierno. Incluso, hay todo tipo de extensiones en estos convenios para hacer periodismo tendencioso, frívolo, con dedicatoria, en contra de los que el gobierno en turno considera “enemigos” del sistema.
Por supuesto que son “convenios” recelosos y “legales”. La trampa está construida para que caigan en ella de manera mansa, los trabajadores interesados en la comunicación social. Son migajas para los novatos o reporteros de base, pero la dispensa es una pirámide invertida que da y ofrece mejores recompensas a los expertos, en lo que vulgarmente o en el lenguaje de la calle se le llama “cochupo” “embute” “chayote”. Carlos Gonzales en Televisión Mexiquense es obviamente de los peces gordos, pero en cada municipio mexiquense, compiten entre sí los panfletos y libelos cargados de la retórica más abyecta, zalamera e infausta, de fotos e imágenes cuidando los perfiles y ángulos del sátrapa en turno.
La formula está probada y estriba en que entre más páginas dedicadas a exaltar las “obras, los discursos y las acciones” de los Presidentes Municipales y menos espacios dedicados a difundir las carencias, reclamos o noticias de interés general que afecten el “mundo feliz” con el que intentan convencer a la población -como el autobús que incendiaron del grupo musical de la Dinastía de Tuzantla-  mejor es la paga.
Desgraciadamente, para la política y la cultura nacional, un suceso que no era esperado, aunque resultara natural, ha sido el fallecimiento en un año calendario -los tiempos no son casuales ni coincidentes, sino que resultan de las mismas condiciones psicosociales y políticas- de los más grandes exponentes del periodismo nacional e internacional en el último siglo: José Emilio Pacheco, Gabriel Garcia Márquez, Vicente Leñero y Julio Scherer. En doce meses han muerto cuatro figuras excepcionales de la prensa libre e independiente. Periodistas y Escritores fundamentales para entender y explicar a México.
La partida nada casual, podría decirse simultánea de cuatro amigos, fundadores de obras del pensamiento humano que trascienden su muerte, ha provocado un vacio que en las circunstancias actuales resulta muy difícil de ocupar por otros. Frente a la enorme masa de aduladores oficiales, de mentirosos contumaces empeñados en disfrazar la realidad con falsas noticias y halagos sin fundamento, del otro lado, los periodistas en quien recae el trabajo de Los Periodistas que ya no están con nosotros, es exigua y quizás muy especializada. No obstante hay que señalar que entre los diez comunicadores (prensa-radio-televisión) que abanderan las enseñanzas de los Maestros ausentes, especialmente del recién partido, Julio Scherer, figuran al menos dos mujeres, adalides en esto del periodismo: Carmen Aristegui, sobresaliente, y Denise Dresser, se unen a plumas como la de Julio Hernández, Carmen Lira y no quiero mencionar más, por dejar fuera a unos o incluir a otros, que no deben estar…
Mas existe otro grave problema en el estado de México,  de naturaleza menor pero de importancia mayúscula, para entender el pantano en que se encuentra el periodismo y la comunicación social. Reina un espíritu de grandilocuencia consentido. Impera una medianía que convierte a los “(periodistas) tuertos en reyes en tierra de (lectores) ciegos”; que construyen estancos, carteles y monopolios de la mediocridad, repelentes a cualquier vientecillo de cambio. En territorio mexiquense los “periodistas” son los “chingones entre los chingones”. Saben dirigir, escribir, editar, fotografiar, opinar, revisar, reportear, entrevistar, comprar, vender, “chimuelos masca tuercas, tullidos alambristas”… hasta que la realidad los retrata como incultos, iletrados, torpes, serviles, incapaces de pensar un proyecto periodístico libre, como podría ser el caso empresarial del diario Reforma, y menos nunca, un semanal como la revista Proceso.
Un caso reciente y que comprueba la arrogancia en que se abrazan los exponentes del mal periodismo a que me refiero, es que el numero 1993 dedicado íntegramente a recordar la obra del Periodista Julio Scherer ha sido despreciada en los anaqueles de los expendios de revistas, por estos que se creen dueños de la verdad absoluta (en su tierra claro… en su rancho…)  Soberbia combinada con miedo, pero que se aplauden y en la que confían los exponentes de esta versión corrupta de un género de prensa que bien podría definirse como inmarcesible en la región. Un anécdota que me acaba de suceder es que tras el despido de uno de estos fantoches de la comunicación por televisión local, me visitó y tras llamarme “Memo” (siempre he dicho que solo mi Madre me llamaba así y ella ya se murió) que son las formas que usan para igualarse –no obstante los vicios y corrupción en sus vidas propias o en el uso del lenguaje- y darme unas palmadas (otro de los rasgos fastidiantes del protocolo mexiquense) me pidió “que le ayudara”… que quería escribir un libro. Es el desprecio absoluto de lo que ignoran y les atemoriza. Algo así como “hoy amanecí con ganas de ser escritor y es cuestión nada más de voluntad y un “empujoncito”
“Los periodistas” mexiquenses son un gremio uniformado. Existen notables excepciones y debo señalar ante todo el portal “Nuestro Tiempo” donde entre otros escriben periodistas como Francisco Cruz o Toribio Montiel. Aclaro y declaro que las generalizaciones no son nunca un argumento ni convincente ni demostrativo, pero en territorio mexiquense suelo apelar a este recurso, ante la magnitud de la enfermedad social que impera y deliberadamente se ignora.
La Presea estado de México es otro caso, porque algunos exponentes premiados merecen una distinción de esta naturaleza con gusto y con orgullo, como sucede con Don Félix Garcia, Director de este semanario, pero habría que recordar que Julio Scherer se negó a recibir el Premio Nacional de Periodismo, que aceptó pocas veces otros reconocimientos internacionales y que no fue sino hasta que la designación de los premios anuales dejo de ser oficial, de contar con la presencia del mandatario en turno y por su Trayectoria como Periodista, que  en 2003 aceptó el primer galardón con este formato ciudadano.
El “Día de la Libertad de Prensa”. Se trataba, bien lo sabemos, de un auto homenaje cínico del poder. Como sucede anualmente y hasta tres veces, en el estado de México, (día de la Libertad de Prensa, del Periodista mexiquense, del Periodismo internacional… más las que se acumulen) los “periodistas” “se reunían con el primer magistrado y lo invitaban a un festejo por las libertades de que disfrutaba el país... El presidente priista aceptaba, gustoso. En los discursos, los periodistas hablaban de la luz refulgente de la prensa libre, y el mandatario respondía con su reconocimiento a los comensales
“Si el diablo me ofrece una entrevista, voy a los infiernos”  dicen que decía quien de manera inesperada la vida lo llevó a solicitar empleo a la Cooperativa del Periódico Excélsior. Escribe Elena Poniatowska “¿Cómo entender la realidad de México sin el periodismo de Julio Scherer García? Hace más de 60 años, un estudiante del Colegio Alemán y más tarde un universitario abandonó sus estudios de leyes (hizo Derecho y luego Filosofía pero no se tituló) y se inició como mandadero en el periódico Excélsior en 1947”. Hay mucho que aprender de la vida de Julio Scherer, a quien el periodismo lo tomó por asalto. En uno de esos momentos que cambian para siempre la vida de los hombres. A él llegó por necesidad. Y para siempre hizo de él su necesidad. Nunca más pudo desprenderse del oficio.
Su biografía en el periodismo, la única que reconoce, comenzó hace 60 años. Scherer era un joven a punto de cumplir 21 años que había transitado de las leyes a la filosofía, su pasión intelectual junto a la literatura. A ellas pretendía dedicar su vida, consagrada hasta entonces al deporte y la lectura, voraz ya desde entonces. Familia de posición y dinero, los Scherer García enfrentaron un desfalco que los llevó a perder todo. Hasta aquella famosa casa de la plaza San Jacinto, en San Ángel, donde hoy se encuentra el Bazar de Sábado. Entonces Julio, el menor de los tres hijos, tomó la responsabilidad de la familia. Había que trabajar para sobrevivir y contribuir al pago de deudas.
Basta esta estampa personal, para hacer un reclamo justo y a tiempo, a las generaciones actuales de jóvenes que se pierden en las mazmorras inventadas para retenerlos “mientras estudian”, en cárceles escolares, sin trabajo ni experiencia y en manos de sicarios de la educación, el brazo incruento de dominio y control del gobierno del estado.  Señalo el caso de la UTSEM, escuela cuyo proyecto inicial contemplaba buena preparación y rápida incorporación al mercado laboral y que las ambiciones personales, aunado a los complejos pueblerinos sureños han trastocado para convertirlo en una “universidad patito”.  Pero eso lo veré en otro lado…
Como muchos Rafael Pérez Gay reconoce y dice “Crecí y aprendí a leer periódicos en la era de Scherer, es decir, ese momento en el cual la prensa abandonaba las sombras donde sometía sus contenidos al poder a través de componendas y buscaba en cambio la intemperie de la libertad de expresión. Tres características de esta obra mayor del siglo XX: primero, la valentía, nada puede hacerse en el periodismo… sin arrestos…sin arrojo, no hay mucho que hacer en esta arena; segundo, alma de dirigente y mentor, todo gran periodista es un mandamás en  su oficio y sus terrenos; tercero, talento para la empresa y buena prosa, dirigir y escribir bien”
Otro gran mérito de Julio Scherer fue formar cuadros jóvenes y también orientar a los que ya no lo eran tanto.  A su llegada a la Dirección General del periódico, tras la muerte del histórico Rodrigo de Llano y a través de Manuel Becerra Acosta, fue electo Director por los miembros de la Sociedad Cooperativa en 1968 y de inmediato se abocó a estimular la libertad de expresión, de información, el derecho a investigar, examinar y calificar las noticias. Creó nuevas formas de publicaciones, renovó la Revista de revistas, inauguró suplementos culturales como Plural, abrió espacios a notas sobre arte y cultura, de manera equilibrada a los que ocupaban la política, el deporte o la economía. Organizó una agencia de noticias, la primera en nuestro país y al mismo tiempo se deshizo de tanto lastre y banalidades como las notas de sociedad, las fiestas de ricos (en el periodismo totonaco yo eliminaría todas las notas de los burócratas gobernantes inaugurando inicios o conclusiones a medias y sin terminar…) Suprimió el Magazine de Policía, que estimulaba la nota roja, el morbo y la desinformación.
Pero sobre todo Scherer buscó la independencia de la Cooperativa frente al poder. "Julio comenzó a publicar todo lo de Tlatelolco y ese fue un paso definitivo, porque se estaban jugando el pellejo". Frente a la dupla de Presidentes malos y malditos Díaz Ordaz y Luis Echeverría Álvarez…"Muy sencillo: limpió el periodismo porque antes era la corrupción total, estaríamos a años luz sin él".
Unos dicen que era un verdadero Cruzado, lo cierto es que Scherer enfrentó al poder con la fuerza de la honestidad… tras el golpe contra Excélsior, promovido por Luis Echeverría que lo destituyo de la Dirección, pasando por amenazas públicas consignadas por José López Portillo del no pago porque me pegues –en realidad el JoLoPo le llamo relación perversa del “te pago para que me pegues”-, hasta la persecución en contra de su hijo Julio Scherer Ibarra por parte de la bestia feliz, Vicente Fox… “me parece que nada compensa el desdén del actual presidente de la República por la cultura y la palabra escrita. Su diálogo con una mujer campesina, analfabeta, a la que felicita por su ignorancia, que la aparta de los sinsabores que traen consigo los periódicos, debería quedar inscrito en alguna plaza pública para vergüenza de todos”
Todos los datos de este injusto y cruel hostigamiento contra el semanario Proceso, puede ser revisado en “La Pareja” (Fox y Martha), uno de sus últimos libros de Scherer, reseñado y comentado por Carmen Aristegui, que termina con una sentencia final, que aún no se escucha ni se atiende: “Señor Presidente, es tiempo de detener la mezquindad”

Concluyo con un recuerdo y una definición necesaria: En mi casa había un ritual matutino: leer no pocas veces en voz alta a los articulistas de Excélsior. Así naci y crecí con mis Pa’s. La otra es que hasta su muerte nadie pudo definir a Scherer por su ideología.
Epilogo: este sábado último de mes concluye la Expo-Homenaje a Julio Scherer en la frente de la Librería La WeB o N@D@ con cientos de publicaciones originadas en Julio Scherer y sus colaboradores más destacados, libros y charlas.

Quiero destacar que el día de la inauguración –realmente es un evento sencillo y discreto, por eso resulta más emotivo- nos acompaño nuestro Director Don Félix, que como buen reportero fue a “hacer la nota”

Thursday, January 08, 2015

JULIO SCHERER GARCIA: MI PADRE


Pasé 24 horas en vela, leyendo todo lo que se ha publicado con relación a la muerte de Julio Scherer. Tomé notas, subrayé, fiché, busqué datos complementarios, revisé fechas, portadas, imágenes, escribí muchas cuartillas con anécdotas, entrevistas, frases célebres. He consultado todos los medios impresos nacionales y los más importantes internacionales. Me he dado cuenta de dos cosas: que hasta en la hora de su muerte, el Maestro, me apuró a hacer periodismo, y otra mayor, descubrí que soy un discípulo “pura sangre” de Julio Scherer.
Al fin entiendo que ser acucioso, exquisito, enérgico, mal hablado, estricto, incorruptible, vehemente, “echado pa’delante”, puntilloso, duro de matar –en la argumentación y no onda Bruce Willis- honesto, intocable, obsesivo, solitario, tienen, en mi, un principio. He vencido una y otra vez las trampas de las burocracias nativas, construyendo mi Proceso personal. He aprendido que la razón recta se impone a la mentira contumaz, la hipocresía y la traición. La lógica siempre triunfa sobre la falacia y el sofisma.
Las Cartas Sureñas aspiran ser, en el sur del estado de México, lo que Proceso es a la República Mexicana, pero no me había dado cuenta hasta que me topo con la ausencia final, del mentor y ejemplo. He abierto otras trincheras culturales, la más benéfica, personal y socialmente es la Librería La WeB ó N@D@, en cambio, la más alejada de la conciencia del Maestro, es mi participación en el Canal 28 de televisión regional, porque franqueo el principio en que se apoya el periodismo, el vértice y el equilibrio, la no exposición del periodista.
¡Ojala algún amigo me convenciera! como hizo Julio Scherer con Carlos Monsiváis, a quien le reprochaba su participación –“púlpito virtual”- en el noticiero de Joaquín López Dóriga “eso no es para ti” le dijo al autor de “Por mi madre bohemios”: pero un Amigo, Maestro, Padre de esta naturaleza… ya casi no existen.
He repasado una y otra vez, todas y cada una de las memorias que existen dentro de mí: en el Excélsior de Julio Scherer, el cartón que publicó Abel Quezada todo de negro, cuyo título pregunta ¿por qué?, el 3 de octubre de 1968; la “La Fiesta del Alarido” de Manuel Seyde, las portadas de Proceso del “El hermano incomodo”, “Historia de una anulación sospechosa” o la confesión “La verdad es que no me gusta leer” que marcaron de por vida a Raúl Salinas, Martha Sahagún y Peña Nieto.
He sacado de sus anaqueles algo así como 300 revistas Proceso que guardo celosamente como un tesoro personal y he anunciado en las redes sociales que estarán a disposición de quien quiera consultarlas, de manera gratuita, por el tiempo que sea necesario… No puedo olvidar la renuncia de Octavio Paz a la embajada de la India, en protesta por la matanza del 2 de octubre de 1968 y su unión al periódico Excélsior, para fundar la revista Plural: “Aceptamos con una condición: libertad. Scherer aceptó como los buenos y jamás nos pidió suprimir una línea o agregar una coma. Actitud ejemplar, sobre todo si se recuerda que más de una vez los puntos de vista de Plural no coincidieron con los de Excélsior”, escribió el Nobel mexicano.
He repasado momento a momento los incidentes, personajes, contexto nacional e internacional, las palabras y declaraciones de la vida de Julio Scherer, entre 1968 y el día de hoy... “Vicente, Vicente”, fue el título que apareció en la revista Proceso del 6 de diciembre pasado: “Escuché a Vicente Leñero por teléfono, la voz lenta, húmeda: Llegó nuestro tiempo, Julio. Tengo un tumor en el pulmón. Cáncer. Los médicos me dan dos años de vida”… Solo duró 35 días la distancia: Leñero murió el 3 de diciembre y Julio el 7 de enero…
He revisado las condolencias de Enrique Krauze, Paco Ignacio Taibo II y de Benito Taibo, de Ángeles Mastretta, Denise Dresser, Blanche Petrich, Anne Marie Merger de Luis Villoro: “el más grande periodista del siglo XX en México”… "El primer periodista al que admiré a los veinte años… el único director valiente de un diario nacional"… “fundador de la prensa insumisa”… "siempre buscó alternativas a la narrativa oficial: informes, datos, testimonios que no estaban en el resto de los medios. Perdemos a un gran investigador, a un gran interlocutor del poder, a un gran escritor”… "Es el inaugurador, después del periodismo revolucionario de El hijo del ahuizote y los Flores Magón. Yo creo que el periodismo estuvo en un clima de letargo durante muchos años, hasta que Scherer y su equipo comenzaron a hacer un periodismo combativo, de calle"… “dedicó su inteligencia y perspicacia a formar un nuevo tipo de reporteros e hizo del periodismo un servicio público. Su carisma y altura moral conjuntaron a los mejores talentos del periodismo y atrajeron a la arena pública a un grupo selecto de escritores, intelectuales, dibujantes, fotógrafos y pensadores con quienes diseñó un periodismo coral, incisivo y democrático”.
El rector de la UNAM, José Narro, lo describió como “un hombre lejos del poder, distante del poder, que nunca lo ambicionó en ninguna de sus formas y que lo único que tuvo fue el poder de la palabra, el poder de la inteligencia, el poder de su verdad que defendió permanentemente a capa cabal”.

Vibré sentidamente al ver una imagen de Carmen Aristegui, notabilísima discípula del Maestro distante, enjugando sus ojos, con la tristeza traspasada en ella, lo mismo que de indignación al observar la imagen y leer sobre la prepotencia de Carlos Marín, quien desde su agujero milenario se arropa medallas ajenas en la hora de la entronización al cenáculo de la inmortalidad, de quien ante todo y sobre todo, fue un buen Padre de Familia
Sentí profundamente el dolor de las palabras de Cristina Pacheco, renegando de un año que se llevó a su esposo José Emilio al despuntar el año fatídico y a Vicente Leñero al cerrar el calendario fatal… dice Cristina “lo que pasa es que todos queríamos que se fuera el 2014 porque fue de una crueldad tremenda en cuanto a todas las personas que nos arrebató. Y resulta que este año comienza llevándose a Don Julio Scherer García” y recuerda con nostalgia doliente como “llegó a venir a menudo (Scherer) a nuestra casa con mi esposo José Emilio y yo hace ya bastante tiempo, cuando se hicieron aquí las reuniones para fundar el semanario Proceso, eran reuniones muy gratas donde nos pasábamos la noche y era encantador oírlo, ¡con qué energía y con qué entusiasmo hablaba del proyecto de fundar la revista Proceso!”… “¿Recuerdas aquella gran subasta para allegar fondos y juntar dinero para dar nacimiento a Proceso? ¡Fue algo fantástico!”.
En este velatorio virtual en que me he encerrado a reflexionar, escribir, informarme, he destilado sonrisas de desprecio e ironía al conocer el “más sentido pésame” por la defunción del que consideró un “ícono del periodismo de nuestro país” dado a conocer por Eruviel Ávila, quien apenas en marzo del año pasado secuestró la edición 1950 de Proceso en el peor de los estilos del PRI, lanzando a la compra de todos los ejemplares, a sus huestes magisteriales.  Leí también el tuit de Peña Nieto y no merece ni siquiera la pena de un comentario.
He repasado una y otra vez, algunas de las enseñanzas fundamentales, el legado que hereda, decía Scherer: “La cirugía y el periodismo remueven lo que encuentran. El periodismo ha de ser exacto, como el bisturí. Si algo me apasiona es el periodismo sin imaginación, el toque de la realidad como es. En nuestra profesión nada supera al dato estricto y a la palabra exacta”… la importancia de que “los reporteros deben escribir libros, escaparate para su talento…”
He revisado los antecedentes, su origen familiar, el año de su nacimiento, los Padres del Maestro, pero de todo lo que he podido revisar, recordar, saber, lo que más profundamente me ha estremecido, conmovido hasta el tuétano, sacado lagrimas de las piedras en que se han convertido mis propios ojos, es la Carta publicada por la hija menor del Maestro Julio Scherer Garcia, la también periodista María Scherer Ibarra, de la que he extraído el título de este modesto trabajo, en homenaje a quien también considero un Padre, por elección y adopción.
“Antes de doblegarse ante el autoritarismo de Luis Echeverría, Julio Scherer abandonó Excélsior en el momento en que este era considerado uno de los grandes diarios del mundo. Fundó Proceso, la convirtió en su trinchera y supo marcarla con un sentido profundo de justicia. Como periodista, el más grande vivo en México, a Julio Scherer no lo define una sino varias palabras: arrojo, desafío, honestidad, patriotismo, justicia, crítica, poder. Su hija María aporta algunas más: dulzura, amor. Por un lado, admiración por un hombre que ha buscado apasionadamente justicia y verdad; por el otro, amor por aquel que la guio con ternura y buen ejemplo.
Desde hace muchos años supe que algún día estaría sentada aquí… Accedí porque creo, como en una verdad absoluta, que no hay padre como mi padre.
De mi padre poco se sabe. Del periodista acaso algo más: los trazos que ha delineado en sus libros más intimistas. No ha sido suficiente para algunos estudiantes y varios periodistas que me han utilizado como intermediario para tratar de obtener una entrevista con él. Pronto dejé de pasarle esos mensajes. Su respuesta era fácil de anticipar: siempre era la misma… Mi padre ha insistido, y con razón, que por él habla su trabajo: sus entrevistas, sus reportajes. Se ha negado a cooperar cada vez que algún colega obstinado ha pretendido biografiarlo.
Creo que comprendí que mi padre era un gigante hasta que me matriculé en la universidad. Sabía, por supuesto, que era un hombre importante, querido y respetado... Casi todos mis maestros me interrogaban sobre él. Querían saber qué me aconsejaba, qué me confiaba sobre el oficio periodístico. La mayoría se alegraba de tenerme entre sus alumnos, como si yo emanara alguna de sus virtudes profesionales. Aunque sus preguntas eran repetitivas, me encantaba escuchar –las más de las veces– la admiración que expresaban.
Mi mamá murió un mes antes de mis quince años. Nos acompañamos en el duelo y mi papá cumplió con el doble rol de la única manera posible, colmándome de amor. Fue él quien me condujo por la vida de mi madre. La conocí a través de sus recuerdos. Me contó su historia mejor que ella misma.
Conservo en un lugar aparte esta tarjeta suya: “Que mi amor te alcance en el camino, te decía tu madre. Y su amor te alcanza en tus hermanos y en tu padre.”… Distingo dos de sus más amadas pertenencias: la foto de mi madre y una banderita de México. Manipula su vieja Olivetti (tiene dos idénticas, por si una se descompone). Los anteojos se le han resbalado y se balancean a la mitad de su nariz… No sé si interrumpirlo. Se ve muy concentrado. Al fin me decido y separo las puertas corredizas de su biblioteca.
–Hola, pa –le digo. Voltea hacia mí y se quita los lentes. Me sonríe, y toda la dulzura se condensa en un gesto… –Qué bonitos ojos tengo –me contesta, mientras mira fijo los míos. Siempre han dicho que tenemos los mismos ojos.
No olvido el 23 de marzo de 1994. Ese día, mi padre me enseñó que no hay promesa pequeña. Habían asesinado a Luis Donaldo Colosio: ¿Te quedas?... Tengo que volver a la revista… ¿Solo viniste a enseñarme la portada?... No, hijita. Vine porque quedamos para merendar. Vengo tarde, no me esperes.
En 1999 dejé la casa de mi padre para casarme. Fui la última, pero nunca tuve remordimientos de conciencia. Él aprecia la soledad. La necesita. Nos lo ha dejado bien claro.
Extraño muchas cosas de nuestra vida en común: su compañía única, su permanente buen humor, su conversación inagotable. Pero sobre todo me hacen falta sus incesantes muestras de amor. Prácticamente a diario –juro que no exagero–, mi papá dejaba una nota en mi buró. La colocaba ahí temprano en la mañana, antes de salir, o por la noche, cuando me encontraba dormida. Conservo muchísimas tarjetas suyas que dicen solo Te amo. Dos cajas protegen cientos más. Elegí una al azar, porque no puedo decidirme por ninguna. Escribió:
Hija preciosa: Ya no más amor, ya no tanto. Hay horas en que cubres mi pensamiento íntegro. ¡Basta!
Mi papá lleva años despidiéndose. “Cuando sea flor…”, nos previene. Por fortuna, he alcanzado la madurez a su lado. Justo ahora, cuando mi amor por él alcanzó su plenitud, es el momento: yo también quiero honrar a mi padre, que nunca será flor. Será árbol.”

Es la hora del adiós, en el trance de la despedida, de la muerte física y aun es tiempo de decirle al Padre de muchos que como yo aprendimos de sus ejemplos como periodista, escritor, editor: Gracias.

Mas yo quiero, en este momento, en que me invaden demonios de la tristeza, el llanto, el vacio y el desamparo, declarar que abrevo hasta en el último momento, de sus enseñanzas, como hombre, amigo, como Padre de Familia… amoroso… bello… y eso no, yo,  no lo sabía.

Thursday, January 01, 2015

LECCIÓN DE AJEDREZ

El año 2014 ha sido el peor de todos los años, para nosotros, el pueblo, desde hace 20, justo cuando México fue “rematado en charola de plata” al apetito imperial, de drogas, lujos, excesos, muerte, robo, traiciones, mal gusto, discriminación y comercio sin límites, que iguala, en el registro simbólico de la palabra y las acciones humanas, la prostitución con el éxito, el desperdicio con la felicidad, la corrupción y el “fast track”, la muerte criminal con los daños colaterales, el amor con las perversiones, la inteligencia con los best seller, la imaginación con los gritos y los “selfies”, la amistad con el interés, al Padre con la Madre, las pesadillas con el sueño americano.
¿Es peor en una escala de horrores 2014, al sexenio estúpido, “mocho”, “mandilón, e imbécil de Fox? ¿Peor aún que el desgobierno al servicio de los EUA del “borracho” de Calderón? ¿Es todavía mayor el mal 2014 que hace dos años y el regreso del PRI?
Entonces el recuerdo presente de Ayotzinapa, los ríos contaminados en Sonora, las ejecuciones en Tlatlaya, el derrumbe de los precios del petróleo gracias a la garantía de reservas que México ha entregado a las “siete hermanas”, la devaluación de la moneda, la devaluación de todo el país, la “Casa Blanca” de 95 millones de pesos… Aún así, todas la desgracias nacionales pasan a un segundo plano, ante la ausencia pesada, consentida, inesperada de cuatro Sabios, Dioses Mexicanos: José Emilio Pacheco y Gabriel Garcia Márquez (mexicano-colombino) de Paco de Lucia (mexicano-andaluz) y de  Vicente Leñero, a quien rescato, en una de sus muchas facultades, la de ajedrecista, frente al gigante Juan José Arreola, quien se adelantó al solio de la inmortalidad hace 13, cabalísticos años: Entrevista –que no tiene pierde- sobre el tablero publicada por la Revista de Revistas del periódico Excélsior de Julio Scherer, hace más de 50 años (1962)
¿Qué significa para Arreola el ajedrez?
El cabello alborotado en rizos –un poco más corto que hace un par de años-, sus dedos largos de titiritero inquieto, el cuello ganso escapándose de la camisa abierta, su presencia toda lo hacen aparecer, hoy como antes, un duende hechizo actuando en un cuadro de Remedios Varo.
No responde de inmediato a la pregunta; antes apoya con un peón al peón, jinetea al caballo del rey para que brinque la barrera de la infantería, abre paso a un alfil, despabila a otro peón, repele un avance ingenuo y entonces sí, ya con la reina en puntalanza atiende al oponente despistado: 
¿Qué significa para mí el ajedrez?
Arreola sonríe… Pero no. Esa pregunta todavía no. Responderla de entrada sería como enrocarse prematuramente y llamar la atención del oponente sobre puntos vulnerables de la intimidad. Para hablar de ajedrez hay que empezar desde el principio: desde que sir Leonard Wooley, en sus excavaciones en la cuenca mesopotámica, allí donde el hombre, sediento de infinito, empeñado en ser “mas que de tamaño natural”, ansioso de sobrepasar su grandeza originaria como la ha intentado siempre –y lo ha conseguido, explica Arreola: “el hombre ha sobrepasado miserablemente, mezquinamente, su grandeza natural”-; allí en la cuenca mesopotámica donde el hombre soberbio erigió la torre de Babel –plataforma para llegar al cielo-, sir Leonard Wooley descubrió tres objetos que Arreola califica de maravillosos: la daga de oro de Ur, el estandarte de la ciudad y el cordero preso entre las zarzas.
El oponente interrumpe: ¿Y eso qué tiene que ver con el ajedrez?... Arreola castiga el atrevimiento capturando el peón negro que protegía el carril central del rey enemigo. El oponente se enroca precipitadamente y Arreola vuelve a tomar la palabra entusiasmado, febril… en el momento de descubrir, junto a esos tres objetos maravillosos, “un cuarto objeto igualmente maravilloso: el tablero de ajedrez de ocho casillas”.
El ajedrez nace al pie de la torre de Babel –símbolo de la desmesura, de la megalomanía, del delirio de grandeza humanos- como una especie de proposición: ¿quieres embarcarte en la aventura espacial más grande que tu razón pueda concebir?; ¿quieres agotar todos los recursos de tu imaginación?: yo te voy a proponer la trampa mental: el gambito de las 64 casillas. En un espacio limitado de ocho casillas por ocho, que pueden ser de un centímetro o de un metro, el hombre encuentra y captura el infinito… Allí y no en la fracasada torre de Babel.
¿Por qué dieciséis piezas por bando?, ¿por qué ocho casillas por ocho? El número ocho no es un número cabalístico... admite Arreola con una pizca de intranquilidad… Y ahora se me ocurre que el hombre se ha extraviado a partir de los números nones, siendo que la posibilidad única de realización humana es el par. Cierto. Así es. Pensemos en la pareja que preside la creación: Adán y Eva. Pensemos en la pareja del rey y la reina en el tablero de ajedrez.
Siempre que hablamos de números pares, hablamos de acompañamiento. Y aquí podría encontrarse una explicación al porqué el pueblo mexicano ha manifestado a lo largo de su historia una cierta repugnancia al ajedrez. Nos repele un juego que se basa en números pares. Los mexicanos queremos seguir siendo nones; es decir: abandonados.
Volvamos a las sesenta y cuatro casillas habitadas por dieciséis piezas de cada bando: dieciséis blancas y dieciséis negras… ¿Por qué blancas y por qué negras?
La división maniquea... Dos fuerzas que combaten. Ormuz y Arriman. Un reino de la luz y un reino de las tinieblas. Oposición de contrarios. Fenómeno dialéctico. El ajedrez es profundamente dialéctico, aceptando que dialéctica es la tentativa de que una discusión, un altercado, un diálogo violento o pacífico se resuelva en una unidad.
Tradicionalmente se atribuye el origen del ajedrez a la India. Se dice que surgió en la cuenca del Bramaputra, pero eso no es cierto e imposible de demostrar, además, porque la India nunca nos ha dado cronologías exactas. En Mesopotamia y en Egipto, en cambio, tenemos testimonios del ajedrez completamente remotos; tres mil a cuatro mil años antes de Cristo. El ajedrez tiene entonces alrededor de seis mil años de existencia real, y la palabra ajedrez, ¡ésa es otra cosa hermosísima!, es una de las palabras más antiguas y universales de la humanidad…
¿Cómo llega el ajedrez a Europa?... Por el norte africano, el ajedrez llega a Europa con los primeros árabes que ingresan a España. De allí se difunde por todas partes. En Europa el ajedrez es anterior a las cruzadas, ¡eso es lo importante! Las cruzadas se inician en el siglo once y ya en el nueve existe en Europa un tratado de ajedrez donde se habla de torres, de alfiles, de rey y dama...; con detalles interesantísimos, por cierto: el alfil, por ejemplo, es considerado un ministro; luego en Inglaterra se convierte en obispo, mientras que para los franceses siempre es un juglar; el fou: el loco. Con los peones llegan a sutilezas increíbles: se les otorgan especializaciones: el peón de caballo-dama es labrador, el peón de alfil-rey es tejedor. Eso y la simbología que continúa resultando válida en nuestro tiempo. El alfil, por ejemplo, lo podríamos calificar de jesuítico, de maquiavélico, porque se mueve siempre de manera oblicua... El alfil es el José Fouché del ajedrez, avieso como político. La torre en cambio es un castillo, es recta, sólida.
Terrible –admite el oponente. ¿Se podría establecer alguna relación con la psicología de los distintos jugadores?... desde luego- ríe Arreola, maquiavélico-. Por razones psicológicas hay personas que mueven mejor los alfiles que los caballos. Un audaz preferirá jugar con caballos. Una persona prudente tratará de cambiar de inmediato la dama, los alfiles y los caballos para jugar con torres “Oblicuo alfil y reinas agresoras” –dice, recitando a Borges-
Pero el ajedrez incita a la lucha, siempre ha tenido un significado militar... Sí, de batalla. Pero hay que pensar en que el hombre desmesurado, megalómano, que ha querido alzar objetos gigantescos… debió haberse conformado con el tablero de ajedrez para saciar su sed, su nostalgia de infinito. Debió conformarse con hacer la guerra allí, en un espacio limitado pero al mismo tiempo capaz de alojar el infinito.           
Pero incita a la lucha… ¡A la lucha a muerte!  Pero sin perder de vista que se trata de un duelo, y un duelo, para que sea verdadero, debe ser singular, es decir, de un hombre contra otro; un duelo en donde el hombre, todo lo que es la personalidad del hombre, queda comprometida. Es el individuo mismo el que pierde o el que gana, y cada jugador lucha contra su enemigo interior que es su torpeza o sus hallazgos. Además, ésta es la más noble de las luchas y no se apela necesariamente a la inteligencia, que se ha puesto como la condición más alta del hombre, aunque para mí no lo es. El ajedrez apela a la condición humana en general: a la intuición, a la sagacidad, a la capacidad de concentrar nuestra intención en un punto determinado del espacio. Pero no basta solamente eso. Hace falta también la capacidad de análisis de cada situación, porque apenas un jugador mueve una pieza, se altera el espacio. Igual que en el espacio cósmico, en el ajedrez ocurren desplazamientos de masas que se oponen y crean tensiones y distensiones entre sí.
Decía –dice-, que muchas personas que no consideramos inteligentes juegan maravillosamente al ajedrez. Artesanos, sastres, peluqueros... Decía –miente, más atento a las negras que a su discurso- que es necesario propagar en México, entre niños y jóvenes, el ajedrez. Muy necesario… Porque somos un pueblo radicalmente inestable. Somos hijos de un padre que siempre ha tratado mal a su madre y nunca hemos sabido tomar una opción, lo que se dice una opción. Sólo sabemos jugarnos la vida a cara o cruz. En un pueblo donde el azar impera, donde se dice: “un volado, todo o nada”, y el “si me han de matar mañana”… tenemos una repugnancia original al ajedrez, porque el ajedrez elimina las circunstancias azarosas y nos compromete a una hazaña individual, porque nos obliga a la confrontación pura del ser ajeno con el nuestro sin recursos de fuerza física. Por todas esas razones es importante propagar en México el ajedrez.
¿Y las apuestas?... La apuesta es corruptora. En el ajedrez es una falta de ética y cuando se hace, ¡qué vergüenza!, se hace por debajo de la mesa.
También dicen que los jugadores son capaces de matarse entre sí. El ajedrez produce pique, por supuesto. ¿Crea enemigos?... Sí, pero curiosamente los más grandes enemigos en el ajedrez se buscan el uno al otro, siempre, se necesitan mutuamente para confrontarse y para resolver esa querella universal que significa lo antagónico.
¿Y Juan José Arreola? ¿Qué ha significado en la vida de Arreola el ajedrez?... El ajedrez me ha significado un dolor muy grande original: el dolor de que mi padre, un hombre ejemplar que realizó con mi madre uno de los pocos matrimonios verdaderamente increíbles que yo he visto en mi vida, no me haya enseñado a jugar al ajedrez (Estratego y mi Papá) Él lo jugaba, y por no sé qué misterio inconcebible jamás nos enseñó a mi hermano y a mí. Yo sería un hombre feliz y no tendría ningún problema literario, ni moral, ni amoroso, si hubiera llegado a ser un gran ajedrecista. Y no lo pude ser porque aprendí a jugar muy tarde, a los veintidós años… El hombre que no aprende a jugar ajedrez de niño, nunca será un gran ajedrecista. En toda la historia sólo ha habido dos grandes maestros que aprendieron hacia los veinte años. Todos los demás han sido niños prodigio.
¿Quién enseño a jugar ajedrez a Juan José Arreola?... el padre de, una de mis novias zapotlenses. Con él jugué durante tres o seis meses hasta que vencí sus argucias elementales de jugador pueblerino, y me lancé entonces a enseñar… A partir de ese momento el ajedrez empezó a ocupar horas, muy importantes en mi vida, y antes de que yo conociera algún vicio, me brindó una vía de escape hacia el infinito.
¿Interesa más a Arreola el ajedrez que la literatura?... Claro que sí. Yo he dejado de escribir un texto, incluso he abandonado una cita amorosa por jugar ajedrez…Pero con nadie ha resultado más trágica mi experiencia ajedrecística que con Guillermo. Lo conocí cuando él tenía quince años, y durante diez, me ganó al ajedrez. Guillermo me humilló, incluso me obligó a jugar de apuesta porque él era un jugador coyote. ¿De a cómo apostaban? Como yo no tenía dinero, apostábamos libros.
¿Preferiría Arreola ser más conocido como ajedrecista que como escritor?
Por supuesto… porque mis mayores goces los he tenido en el tablero de ajedrez. Ahora que como ajedrecista, debo decir que mis mejores juegos han sido fuera del tablero de ajedrez: Puedo decir que no soy un ajedrecista bueno, pero sí un ajedrecista famoso…Y ahora sé que voy a contar en la historia del ajedrez en México, no como jugador, sino como componedor de un entuerto. Eso me basta… La partida ha terminado.

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