LOS EMILIOS AZCÁRRAGA: VIDAURRETA, MILMO Y JEAN

Se cumplieron 10 años de la muerte de Emilio Azcárraga Milmo y hay que recordar que en este tiempo, México, sin duda ha cambiado. México ya no es el mismo. Tal vez se pudo hacer una reflexión idéntica tras la muerte del viejo Emilio, el fundador de la gran cadena de radio y televisión la “W”, Azcárraga Vidaurreta, el Padre
El primero vivió la gran época de oro de nuestra nación. Un país orgulloso, justo, joven, libre, independiente, con firmeza y rumbo en su destino. El México de los 40’s y 50’, el de Pedro Infante, Maria Félix, y la cinematografía inmortal. Del mejor béisbol del mundo, el mexicano, nutrido por los jugadores negros despreciados en las ligas yanquis y los peloteros cubanos, siempre los más grandes. Años donde se disfrutó el mejor fútbol, aquel de los equipos de ascendencia española, el Asturias, Marte y España, contra las glorias de los once hermanos del Necaxa, el Atlante de Horacio Casarin y el Veracruz del Pirata Fuente. Y que decir del arte y la plástica y la literatura, es hablar de Rulfo, Rivera Tamayo.
Un México conducido por líderes que enfrentaron al naciente imperio de los Estados Unidos, en guerra frente otros imperios coloniales que se disputaban el control de los mercados mundiales. El México republicano que no dudó en gobernar a cada quien según su condición: a los pobres, por ser mayorías, a los ricos por sus riquezas y a los mejores de acuerdo a sus virtudes.
En cambio la época del “Tigre”, Emilio Azcárraga Milmo, el Hijo, marcó el principio del fin de nuestro Estado Nacional. La televisión se convirtió en espejo de las carencias y limitaciones de un pueblo que se rezagaba en todos los campos. El cine de ficheras, las telenovelas de churro, los programas cómicos al estilo de Luis Manuel Pelayo, Capulina, Raul V(d)elasco y para colmo el de Roberto Gómez Bolaños el patético Chespirito. Un México de mentiras, maltratado, derrotado y preparado para la vuelta de los grandes derrotados de nuestra historia nacional, a la asechanza de glorias perdidas, más nunca aceptadas.
La última década, la de Azcárraga Jean, el Nieto, está marcada por la restauración de privilegios. Por la consolidación de los instrumentos de control y de manipulación. Por el naufragio de nuestra identidad y valores propios que construyeron un Estado Político que ya no es.
De 1997 a la fecha los resultados están a la vista de quien quiera verlos y no de creerlos. Un país empobrecido, desprotegido, vulnerable, mal comido, peor educado; un pueblo convertido en mano de obra barata, exportada de contrabando. Más de 2 millones de personas los últimos 3 años. Un país consumido por burócratas rapaces, inútiles, manipuladores, deshonestos, cínicos y desvergonzados. Un Estado asolado por la violencia, el crimen, el narcotráfico. Solo en lo que va del año se cuentan ya 600 homicidios, más de 10 ayer lunes 15 de abril, aquí cerca en Taxco e Iguala. Un Estado policiaco, con temor y miedo. Cada vez más parecida a la sociedad gringa, quienes también ayer vieron masacrar más de 30 estudiantes en la Universidad de Virginia.
Es el decenio del retorno de los grandes villanos del siglo XIX, los que concentraron todas las riquezas, los del diezmo, los que se postraron ante emperadores –igual que Fox-, quienes empeñaron la nación y concedieron pérdidas territoriales gigantescas y únicas en la historia mundial. Los saqueadores y amenazantes, quienes siempre han servido a los amos extranjeros y a los enemigos de México. Ellos, la plutocracia en el poder, los que ahora se rasgan las vestiduras frente un acto de libertad ciudadana, como que cada quien decida sobre su cuerpo o se arrejunte con quien le pegue la gana. Son los que maltratan niñas y se apoderan de la educación de la juventud, aunque terminen rengos, desubicados, maltratados y explotados.

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