REMEMBRANZAS DEL MOVIMIENTO ESTUDIANTIL DE 1968

Me pregunta la joven Jessy ¿Tiene revistas atrasadas? En su mirada hay una chispa de inocencia, inteligencia, paciencia. ¿Qué información buscas? Le pregunto a su vez. El movimiento del 68, contesta.
Intento explicarle que el negocio de la WeB o N@D@ en Tejupilco Méx. no es un expendio temático, que este tipo de información aparece generalmente en los aniversarios de la gesta estudiantil de México. Le invito a que lo consulte en Internet y me asombro al escuchar como respuesta la prohibición de parte de los maestros escolares, de nivel preparatoria al acceso a la red, la WeB
Decido entonces relatar mi propia versión, me toco vivir esa época y encuentro que, inesperadamente, la joven estudiante atiende y escucha. Esto es lo que le dije: Creo que solo resulta de utilidad la revisión de la historia cuando se compara con el presente. La mala costumbre de asomarse al pasado, como quien mira un álbum de fotografías viejas no solo no sirve, al contrario oscurece la verdad.
Nada como revivir un acontecimiento social tan simbólico en el mundo que la irrupción de las juventudes mundiales precisamente en ese año. No solo ocurrieron en México hechos de revuelta social en 1968, por el contrario el movimiento estudiantil mexicano estuvo precedido por el verano ardiente francés que se convirtió en paradigma mundial de la protesta en contra del orden establecido, de las estructuras económicas, sociales y políticas incapaces para satisfacer, entender y ordenar la vida de una manera distinta.
A diferencia de la revuelta mexicana, el movimiento francés estuvo nutrido por estudiantes lo mismo que obreros, gente perteneciente a la clase media y por connotados intelectuales, como el caso de Jean Paul Sartré y Simón de Beauvoir. El objetivo de la revuelta, la conquista de libertades y espacios de expresión para una sociedad manipulada y sometida, una generación que despertaba después de la Gran Guerra y que al ritmo de la música de los Beatles, el cabello largo, en defensa de las luchas heroicas del Che Guevara y Fidel Castro en la América Latina, de Ho Chi Min en Indochina e imbuidos de las lecturas de igualdad social marxista-leninista, demandaban un mundo mejor.
Ese mismo año otro acontecimiento que marco la historia del mundo sucedió también en el viejo continente. Se conoció como la primavera de Praga. Ciudadanos Checoeslovacos, una nación que ahora ya no existe, se sublevaron contra la tiranía soviética y hubieron de resistir la invasión de los tanques del Pacto de Varsovia. Intelectuales como Václav Havel quien años más tarde llegaría a Presidente de la República Checa enfrentaron con flores, solidaridad y heroísmo las armas de guerra.
México no estaba aislado, por el contrario nuestro país se preparaba para ser centro de la atención mundial. Años de bienestar económico se traducía en la sede de los Juegos Olímpicos y sin embargo ocultas, en la sociedad existían contradicciones y contrastes evidentes, pero principalmente el país comenzaba a ser dominado por un partido político que iniciaba una época de represión y corrupción. Los movimientos sociales de los ferrocarrileros, de los médicos y enfermeras del IMSS y del magisterio a finales de la década de los cincuenta y principios de los 60’, los nombre Valentín Campa, Vallejo, Galván son algunos de los íconos de la resistencia civil en ciernes que explotaría por un mero incidente estudiantil, reprimido con brutalidad en el verano de 1968.
La reacción de los órganos de represión del estado fue de tal magnitud que estudiantes de la UNAM y del Politécnico comenzaron a caminar juntos y a emprender jornadas cívicas de ejemplo y valor, como la Marcha del Silencio, convocada por el Rector Javier Barros Sierra.
La masacre del 2 de octubre de 1968 ha quedado en la memoria histórica de un México que se resiste a claudicar en sus demandas de libertad, de independencia, de respeto, de garantías sociales, de igualdad de oportunidades, en un Estado laico y Republicano.
Muchos de los actores principales de esa gesta han desaparecido, otros aún viven, incluyendo por supuesto al causante directo de la matanza: Luis Echeverría Álvarez, quien por este medio logró la conquista de la Presidencia de México y causante del desastre moral del cuál aún no se ha podido recuperar la sociedad mexicana.

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