FOX Y LA PRENSA ESCRITA

El libro es la extensión de la memoria
y también de la imaginación
y del olvido, ya que de él esta hecha
la memoria

Jorge Luis Borges

Reza un adagio popular, que cada pueblo tiene el gobierno que se merece. Y ese pareciera ser el caso de nuestro país. Pero no de todo, sino de una mayoría relativa, que es minoría frente al total. De una mayoría engañada, desesperada, harta, fastidiada, impotente; muchos mexicanos con hambre, sin cultura, ignorantes, sin horizontes: pero con derecho al voto. De una mayoría unida a una minoría aprovechada, muerta de miedo, convenenciera, elitista, moderna; que manejó el sentir popular con raiting; que encontró en el inconsciente nacional restos de un pasado que no se ha ido.
Las votaciones del 2 de julio del 2000, confirman que nuestra nación continúa en El Laberinto de la Soledad, que retratara Octavio Paz. En la subjetividad telemanejada, cibernética: allí habrá que buscar la explicación al triunfo de Foximiliano y Marlota, y no el de Cuauhtemoc Cárdenas.
En la superación del complejo de malinche, en romper con la vocación de esclavitud; dejar de mirarse en el espejo de Tescatlipoca, dejar de ver al norte en desprecio del sur. Acaso esa es la esperanza de volver al camino correcto y habrá que luchar y defender desde cualquier trinchera la rectificación a tiempo. ¡Si!, a tiempo: porque otra máxima de buen gobierno recuerda que en política, se acaba en un tris de dedos, lo que llevo una vida construir.
Desde su campaña, hubo señas inequívocas de que Fox era su apellido: una zorra, astuto, vivo Pero también que era un burro, hay que ver la revista Proceso 1180, fotografiado con dos orejotas de pollino. Pero más claro aún, los dislates cometidos en mayo del 2000: entre desconocer la fecha de la expropiación petrolera y entercarse a lo burro, repitiendo hoy, hoy...
Sin embargo, ese rasgo de carácter, esa penosa muestra de incontinencia le gusto a muchos. En toda sociedad, en cualquier país, la gente puede ser clasificada de varias maneras: hay militares, empresarios, ricos, estudiantes, músicos, pobres, agricultores, rancheros etc. Pueden darse combinaciones: empresario-agricultor, músico-pobre, soldado-estudiante, ranchero-rico; pero lo único que no se puede juntar en una misma persona es: rico-pobre o pobre-rico, excepto como metáfora.
Y ambos extremos de la sociedad, los que tienden a prevalecer sobre los demás, adolecen del mismo defecto: el rico cree que por ser superior en dinero, lo es en todo, en tanto el pobre supone que por ser superior en número, también es superior en lo demás.
Falacia costosa, pero ya en el poder, con los pobres uno se entiende, los ricos, no se soportan. Lo que en el pobre es borrachera, en el rico es acto social, y se pretende que lo que en el pobre, hablamos de 70 o más millones de mexicanos, es ignorancia, en el rico es gracia, es buena onda, son babosadas: jugar a las escondidillas entre las veneradas estatuas de Terracota de China, nombrar Checoslovaquia, cuando hace años que se distinguen una de la otra, que si botas de charol, que el ramo de la esposa, el beso frente al Vaticano, el concierto en el Alcázar del Castillo de Chapultepec, de a 10,000 dólares la entrada.
Las babosadas dichas por el Señor Presidente contra la prensa, la escrita, me recordaron el último concierto que tocaron los Beatles, en Londres, arriba de un edificio de la City; en medio de la música, toda la gente volteando, preguntando de donde provenía la música; llegaron hasta la azotea los bobbis, los celebres y educados policías ingleses, quienes caballerosamente y con toda propiedad le pidieron al conjunto inmortal que cesara de tocar, Don’t Let me Down. Lennon después diría que el siempre se imagino ser sacado a rastras, golpeado, tundido, para no olvidar nunca, como anécdota, broche de oro. ¿Que va a pasar en México?

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