CORRUPCIÓN POLÍTICA

Existe una enorme diferencia entre la corrupción económica y la corrupción política. La primera existe en toda comunidad en donde el dinero se ha convertido en signo rector. Existe de manera común en los Estados Unidos, en los países orientales, en los africanos. Es una práctica vergonzosa pero incluso parte de este remedio se ha hecho negocio formal, organizado y lucrativo, como sucede con el juego y la prostitución en Las Vegas Nevada o en Atlantic City, íconos tan deseados e inducidos entre la paisanada que se impresiona con el color y glamour.
Existe en México en todos los sectores de la sociedad y es una práctica tan común que según el sujeto corrupto será el nombre que reciba y la sanción social. Está el típico policía que se esconde en la esquina y mediante la “mordida”, completa su salario miserable con creces, para dar y repartir a los mandos medios y superiores, quienes a su vez los extorsionan.
Pero están los casos de gran corrupción, como la practicada por Raúl Salinas de Gortari, quien hasta compuso un verso que jugaba con el 10 %. El señor “Ten Percent” cobraba esa proporción por facilitar los negocios privados. Pero hay casos peores, como fue la venta de BANAMEX, al imperial City Bank, en un a operación que se realizo a través de la compra-venta de acciones en la bolsa de valores y así evitar el pago de impuestos mercantiles. Igual ha sucedido con las adquisiciones agresivas por parte de la Coca Cola, Cemex etc. Casos graves de corrupción económica frente a los cuales el basurero que pide una mochada por recoger la basura, como sucede aquí en Tejupilco o el PFP que estira la mano a todo camión que circula en las carreteras o el mísero burócrata que en la ventanilla pone cara de hambre al pedir pa’l chesco no son nada.
En cambio, la corrupción política es una forma de revolución social que convierte lo mejor, siempre a lo peor. Sin duda que la expresión más fresca de corrupción política se encuentra en el uso del lenguaje empleado por el déspota de Fox.. Nombrarse en Pareja Presidencial o llamar a no leer, mentir de manera enfermiza y obstinarse aún frente a las evidencias, hacen de su gestión, la peor de la historia del sistema político mexicano. Lamentablemente hay cosas peores aún.
Primero permítanme hacer un recuento en dos partes, esta será la primera, de lo que desde mi punto de vista han sido las manifestaciones más graves de corrupción política y los efectos en la forma de gobierno, que es decir en la constitución del Estado mexicano y por ende de la nación en su totalidad.
Luis Echeverría Álvarez es a mi juicio el jefe del Ejecutivo Federal que más ha daña do a la institución antes que Vicente Fox. Echeverría conquista la candidatura del PRI promoviendo y empujando al ejército en contra de las juventudes mexicanas en 1968. Una vez presidente no se contiene frente a nada y rompe con todas las guardas y salvaguardas que garantizaban un México estable. Dispara le emisión de moneda, desboca la inflación, gasta en obras suntuarias, desplaza a cuadros políticos, asesina, expropia e intenta legar la presidencia en un candidato dócil a su persona, su amigo de la infancia José López Portillo, el menos esperado de los “tapados” por no ser un político profesional. Esta decisión es, de todas las acciones, la más nefasta de la herencia echeverriaca. Hacer del poder político, sinónimo de poder personal y de la designación del candidato, un asunto de amistad. La Presidencia de la República nunca volvió a ser una magistratura soberana.
El caso de José López Portillo es continuidad del anterior. Hombre culto y de pantalones bien puestos, carismático y mujeriego, no tuvo empacho en mandar a las Islas Fidji a su antecesor como embajador, quien se empeñaba en promover un minimaximato en la República, al estilo del que consiguió tener el General Plutarco Elías Calles, hasta que llego el Tata Lázaro Cárdenas y lo mando al exilio. Tiempos de hombres y de poderes reales.
Pero López Portillo no se contuvo, enloquecido por el poder, sin cuadros políticos propios, abrió las puertas a del gobierno a élites financieras y empresariales, a tecnócratas formados en universidades del exterior, a juniors y ricos proclives al negocio y sin ninguna militancia partidista dentro del PRI.
Pero sobretodo abrió las puertas del país, para solaz de su amada madrecita, a un viejo enemigo de México, asechante y a la espera de redimir cuentas pendientes. La invitación al Papa Juan Pablo Segundo, como se lo pidió Doña Cuca, franqueo la valla tan bien estructurada por los padres de nuestra nación, para contener lo que es de Dios, separado de lo que es del Cesar.

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