LAS MUERTES DE CALDERÓN

Los resultados electorales que dieron una victoria abrumadora al PRI, no fueron inesperados, ante el evidente fastidio y el repudio de las mayorías que emitieron su voto, en contra del ideario, personalidades, discurso y propuestas del PAN; del partido en el gobierno y representante de la oligarquía nacional, instrumento de los intereses extranjeros capitalistas y espejo de las clases medias acomodadas, las que hacen del desprecio, el racismo y la xenofobia su razón, heraldo y modo de vida: la insidia contra el hablar tartajeado de López Obrador o los ojos rasgados de la niña del comercial del PRD, son ejemplo de esta realidad mexicana, triste y vergonzosa.
Es hora de preparar el relevo en la presidencia de la República Mexicana, la Máxima Paternidad Nacional que nunca ha ocupado Felipe Calderón, impedido por su propia historia personal, la del “Hijo desobediente”. Biografía de un criminal imaginario, Felipe Calderón libra muchas guerras personales, de derrota anticipada, la más dramática contra de su padre, Luis Calderón Vega, al que traiciono en sus enseñanzas, doctrina y ejemplo. Como después lo haría de una manera cruel con su padre político, el mítico Castillo Peraza; y aunque mínima, en comparación a las traiciones primeras, la renunciación a la Nada que fue Fox, es parte del mismo ferrocarril en que se engancho, el ser de Jelipe.
El Padre Real y Padre Político de Felipe Calderón, son las dos victimas iníciales de una larga lista de muertes; de esta guerromania calderoniana, que incluye a mas de 4 mil asesinatos en lo que va del presente año. Es el gran problema, es la esencia del parricidio campante, sacralizado por la creencia religiosa dominante. Puedes traicionar al dador de vida no reconocido, si acaso únicamente como proveedor de bienes para la existencia, pues el Padre Imaginado, siempre estará allí para perdonar. Por supuesto que fue mucho más fácil romper, expulsar y desterrar, si acaso de manera velada al promotor de su carrera política. El caso de Castillo Peraza, como el de Clouthier, es muestra de las amenazas que trae esa alianza siniestra, presente a lo largo de nuestra historia independiente, de las clases dominantes con la iglesia católica.
En una carta postrera, le escribe Carlos Castillo… al “jefe”, así le dice a Calderón –siempre irónico el boschito-
Querido Felipe. Para mi es mucho más sencillo expresarme por escrito. Por eso lo hare así, poco antes de ausentarme por 22 días (nunca volvió)…. Me preocupo sobremanera un par de expresiones utilizadas por ti…. La primera fue “si no me meto no me hacen caso” y la segunda “no he encontrado mi alter ego”
Tras una farragosa explicación, de la interpretación sesuda de este que fue, el expositor mas preclaro del pensamiento denominado “humanista” –como si el OTRO pensamiento fuera solo de las bestias- que tanto fanfarronean y escupen los panistas, sin entender ni jota, Castillo Peraza, hace uso de un par de perlas cursis, de superación personal, de esas sopas aguadas que tientan la lagrima e inflaman el corazón:
corre el riesgo de confiar. puedes hacerlo, porque en torno de ti no hay gente de mala voluntad y tampoco retrasados mentales. Sólo personas que tienen derecho a la oportunidad de ser ellas, de pensar por sí mismas, de correr el riesgo de equivocarse, de agradecer la oportunidad de acertar. Estoy seguro de que acertarán más veces de lo que imaginas. “A los hijos dice un refrán japonés hay que darles sólo dos cosas: raíces y alas”. Gibrán añade: “Nuestros hijos son flechas, nosotros somos arqueros. Nuestra responsabilidad es darles la tensión de la buena madera y la buena cuerda y el buen músculo, no hacerles el vuelo”.
Todos los días, Calderón muestra síntomas de estar en el umbral de la demencia, corre el riesgo de perderse igual como Fox, quien ve princesas hermosas, en las tepocatas ponzoñosas que cual Cid Campeador prometió combatir, solo para terminar en feliz matrimonio con lo que justamente odiaba. Puede ser peor el destino de Felipe Calderón y con ellos el de todos nosotros mexicanos: la iracundia que lo deforma, siempre aireado, puede convertir a este minúsculo jefe de estado, en par de los grandes tiranos de la historia: un Pinochet o Somoza, un Calígula o un Alejandro VI, el Papa Borgia; hasta un Mussolini o un Hitler de bolsillo, después de todo al igual que el fuhrer, sin estrategia política, así cuente con el arsenal mas completo, perderá toda guerra que emprenda.
Siempre pasa así con las pasiones, de las cuales, el hombre político no puede ser victima nunca, muy a pesar de lo que se anticipa en la telenovela Enrique y la Gaviota… ¿no cree usted?

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