GRUPO VIDA Y LIBERTAD. RESÚMEN

enero 2007
Hacer un resumen de una vida, la propia, es fatigoso, desconcertante y maniata. Es menester un método, estilo y las limitaciones que dan la vanidad y el pudor. Nada me parece más complicado que hablar en primera persona, de mi mismo, y dejarlo por escrito. Constancia entonces de que mi dicho no queda a resguardo de los vientos, que las palabras se llevan al abrirse paso.
Mas aún cuando mi yo, trata la relación con las personas a quienes me unen todo lo que digo ser yo. Trato de expresar lo harto difícil de separar, a mi de yo. Mancuerna indisoluble que en la vida diaria vive soldada la una con la otra y que no son ni la una ni las dos, ni la otra.
Exactitudes vagas e inequívocas, la pretensión infantil de las seguridades amarradas, el anatema “mi mama me mima”, cosa juzgada y creída sin chistar. La vida es otra, muy diferente. Siglos del ser humano resulta que no sirven para nada, si descubres que los dichos del sentido común se vuelven del sin sentido o al menos del sentido menos común.
Juegos de palabras que se vuelven abalorios de la personalidad. Frases que ciegan la mirada, como el resplandor del sol, como arena en los ojos. Basta un instante, es ciencia comprobada, para que frente a frente, transiten tanto y tanto sin que la vista, al parpadear alcance a notar.
Menos si la idea de lo exterior se radicaliza contra lo dispuesto. Si el acto del pensamiento sella todo aquello que no esta registrado en las pequeñeces del alma humana, reducida a dos docenas de frases y enunciados.
Sin duda que ante la muerte, un hálito de vida es bienvenido y todo cambia, de nuevo calienta el sol. Pero “una golondrina no hace verano” y el paso después, es trabajo de cada quien. Y unos si y otros no y los demás quien sabe. Pero hacerse panegirista de ráfagas de vientos, de chiflidos en el llano de la desesperanza, ¡hombre!, si se trata de volver a ser y no de permanecer y acaso apenas.
En un año he visto mermar el número de cartujos, en medio de doctrinas que por supuesto que tienen origen y destino. Y se mal interpreta, peor, se da mal uso a los efectos balsámicos de la salvedad ocurrida.
El Grupo Vida y Libertad es una asociación de inspiración estoica, aquella cuyos antecesores el cínico Crates y el discípulo Cleanes murieron por ayunos voluntarios, en tanto su fundador, Zenón de Citio se murió solito, se mato a si mismo, se suicidó.
Y su exponente más brillante, Séneca de Roma fue ni más ni menos que el padre intelectual de Nerón y Calígula, dos de los nombres más comunes para nuestros perros, a los que no queremos.
Organización determinista, se vuelve una y otra vez a la máxima que acepta su destino como única forma de pensamiento posible. AA es estoicismo puro, “No sirve lo que sabes” “deja los chalecos y los títulos y los…”: entiende, no pienses, no digas, no mires, no nombres, “sucede lo que debe suceder”, “Todo es racional y justo”, “Supera la intranquilidad de las pasiones” “Las pasiones se dominan con la apatía” “Dominar las pasiones da tranquilidad de ánimo” y por último “Superar las pasiones y aceptar el destino es entrar en el mundo de la virtud”. Cada uno es parte de Dios y esto lo hace miembro de una familia universal.
Pero los estoicos, reacción a la inmortal superioridad de Alejandro el Mango, el discípulo de Aristóteles, quien reclama el abandono de la adoración de los dioses y estos si de adeveras. Zeus el más grande de todos, Atenea y todas las sabidurías, Artemisa la hija cazadora, Afrodita y el amor, Apolo, Ares, Poseidón, Dionisio y los placeres de la cornucopia y no solamente de los licores fermentados. Y Rea la madre y Cronos el tiempo, y Hermes y Hefesto y Hades. Un panteón divino tan cerca de lo humano, que el umbral entre uno y otro se sabía siempre presente.
Que lejos de los lloriqueantes cristos y marías suplicantes. Estoicismo puro. Pero Alejandro murió temprano y su llamado a ignorar a los dioses públicos provocó reacciones encontradas. Demóstenes entonces al frente de la Academia afirmó que “así sea, si eso le place”. Un hombre sabio.
Porque también hubo la reacción contraria y Epicuro creyó encontrar el vellocino de oro al revesando las cosas, revolviendo fines con medios. Si en las éticas del Liceo, placer y dolor se entendían como fines en todo acto moral, los epicureistas resolvieron hallar la formula entre bien y mal en los medios, en función del acto. Solo se vive conforme al placer y rehuye siempre del dolor. Desplaza a la razón y montate en las pasiones, como jueces de tu diario vivir.
Pero entrambos chorizos con miles de años de existencia en la historia de los hombres –y no se si de las mujeres también- encabrita el desparpajo con que una terapia yanqui de la praxis profiláctica pretenda, ensoberbecidamente, hacer todo de lado. Por apatía, mediocridad.
Porque es siempre más tentador perderse en la pasión que perder la pasión, pero eso dicho en los espíritus románticos que ven la vida como una lanzada.
Porque en las “pastillas para no soñar” de Joaquín Sabina se construye el himno a la desgracia, hay quien dice “que pendejos”, de la renunciación a los fundamentos de la humanidad, esa si toda. El deseo como motor de la existencia, a pesar y las consecuencias de ignorar la causa de mis quereres.
Hace menos años, pero también ya de tiempo, se sabe que el mundo es una suerte de deseos deseados y la catilinaria hegeliana, paso al principio del fin de todo acto novedoso del pensamiento humano. Kant rubrica en su antecesor el término de la filosofía, lo demás son refritos.
Y el colmo es que nos tengamos que “chutar” perlas del pensamiento yanqui más reaccionarios y se venere. Dejarse en manos de mercaderes de las desgracias personales, con vistas a las alturas de una hegemonía de la más funesta de las organizaciones sociales de la historia, los Estados Unidos.
Luego entonces entender que las parrafadas de Cuauhtemoc Sánchez y un tal Cornejo, que OG Mandino y el brasilero Coelho y tanto charlatán de la modernidad, entre cuyas letras de orégano habrá que incluir a Yordi Rosado y los trajes oxidados. Puros placebos inútiles, sebos para atarantados. Los miles de títulos vendidos de estos nuevos oráculos del siglo XXI, no hacen sino demostrar la gravedad de las enfermedades, que azotan a la sociedad en que desafortunadamente nos ha tocado vivir.
Así entiendo que la intolerancia, desdén, moralina, rechazo, insidia, envidia y tantas otras bajezas del alma humana sigan coexistiendo bajo el tamiz de la ayuda y servicio, indispensable, paso obligado para no caer. ¿Dónde? Mas debajo de donde estas.
Y la disyuntiva es o te tachas y eres o no te entiendo. Como en el video musical de Robbie Williams, y que solo despojado de todo, hasta de sus carnes, eres bienvenido. Lo demás no entra en el mundo de los padrinos y el miedo y la desunida unidad.
Porque la realidad es la nimiedad de los concurrentes, el oportunismo de los plenipotenciarios, la desesperación de los necesitados, la soledad de las vacantes. Basta solo uno, se dice y siempre existe una puerta para explicar tantas preguntas que no se expresan: por lealtad, nobleza, pero también miedo, amenaza, chantaje. ¿O que acaso no se halla cada miembro sujeto a la proximidad de la revelación íntima y no a la graceja de se te vuelven siete veces…?
Porque se mira en cada uno de los afiliados un hartazgo que se cura con el dicho mismo. Y se olvida que lo que en verdad sirve, se halla en otra parte. Que la terapia que alivia los males del corazón de cada quien, van en el acto mismo del pensamiento que se expresa en palabras, letra por letra. No hay que buscarle en otra dimensión, sino en la propiamente humana, la más de todas: la palabra
Y entonces construir una estructura diferente que fomente el interés y reúna a los que en verdad se quieren… trabajar, ayudar, salvar. Porque tantos llamados y solo quienes acuden son, somos, los que así lo queremos, en razón de la misma humanidad misma que nos caracteriza. Pero por favor, sin mamadas ni sentimentalismos. Si en el año hubo la suerte de aprender, pues a hacer y a ser y no caer en la sacralidad de los íconos de la tortura y de la ignominia. ¡Caray! Acaso no hay un mínimo de inteligencia entre quienes seguimos en la cuenta de la terapia analítica de a gratis y con público.
Y profundizar en el trabajo necesario, sin eufemismos ni reproches. Llamarle al pan, pan y al vino, vino. Por mi parte pinto una raya bien marcada contra las acechanzas de santerías, prodigios, hechizos, exorcismos, ouijas, volados, tarot, visiones, apariciones, supercherías y semejanzas. Puro miedo e ignorancia, estados catatónicos, sublimaciones inconscientes.
Dar pábulo si a la fortaleza del trabajo de los hombres y mujeres decididas a ser humanos en toda la palabra. A la fuerza de la fe, la concentración, energías ocultas y desatadas, visibles e invisibles. A los rostros de la generosidad, espontaneidad, libertad, sorpresa, alegría, sinceridad.
Convido a desterrar las trampas de la fe ingenua, de los “clientes” que mes a mes caminan en pasarela, encuerados. A la amenaza velada, al fanatismo y la necedad e intolerancia. Erradicar los tormentos, revisar cuantas cancioncitas, plegarias, sonsonetes y ritos del Tedeum son indispensables. Comenzar por plantarse ante la disyuntiva inaugural del que y porque.
La llamada Literatura, como si la suprema creación humana se redujera a estos panfletos, solo sirven como sedante. No curan. Las reuniones son un medio, no un fin. No curan
Preguntas profundas, reflexiones responsables. Hay que trabajar, investigar, hacer interesante para el alma humana la pertenencia a una asociación que trabaja, en principio, generosamente por restablecer personas
Dejar de lado las citas bíblicas como punto sin retorno, los salmos y cantaletas cursis. Variar en forma y fondo la esencia misma de la unión, donde los valores estén en otro lado y no en lo que las tradiciones imponen: un año de oreja, lavar baños…
Reconocer en la grandeza de alma a los mejores y no en la asiduidad o en la plena credulidad. Cansa y aburre.
El mundo esta lleno de problemas y es la naturaleza filantrópica de la asociación de AA, en su variante de 4° y 5° pasos lo que abre puertas que no pueden seguir como antesala de la soledad o la humillación.
Revivir en la belleza, en las auténticas virtudes del espíritu y en la consecuencia de ser mejor. Desterrar los santos remedios que se proponen la sanación del paciente ligado a la fealdad, senilidad, tartufismo y misantropía.

Pero ese es otro grupo y no al que pertenezco en partes.

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