LA GRAN COMILONA. EL MERCADO DE GARIBALDI O LAS COMIDAS NATURISTAS

Aquí –le dice con orgullo-
Todo se hace al momento

La práctica del deporte en México, es una de las grandes tareas ausentes en la vida nacional y siempre pendiente. No existe ni estructura ni educación deportiva. El ejercicio de alguna disciplina, se reduce al fin de semana y se vuelve pretexto para reunirse entre amigos. Y además es una costumbre reservada mayoritariamente para el sexo masculino.
Y esta realidad es una desgracia, porque el deporte es salud. Porque la mente es y se sana, en un cuerpo sano; porque el deporte fomenta valores personales importantes y desarrolla tanto la competencia como el espíritu netamente deportivo, aquel que repite la máxima de que lo importante no es ganar sino competir.
Actualmente la práctica de esta noble e indispensable necesidad, el ejercitarse, se divide en dos grandes bloques: la que se desarrolla en centros y clubes deportivos carísimos; y la pantomima que de vez en vez se recuerda en las escuelas públicas, con tal de cumplir con los ordenamientos burocráticos. Los atletas y deportistas que corren o se entrenan para el fútbol y el box son muy pocos.
Que diferencia con el país que nos toco vivir, a muchos que solo lo podemos explicar en la memoria. El México Olímpico de 68 y las grandes obras e instalaciones para realizar las competencias. El Velódromo, El Palacio de los Deportes, La Sala de Armas, La Alberca Olímpica y el Gimnasio a un costado sobre la Diagonal de División del Norte. El Canal de Cuemanco para los atletas del remo, canoa y kayak. Del México de entonces se origina el pago de la Tenencia Automovilística, para reunir los recursos que necesitaba un país donde todos éramos felices.
Años más tarde, en 1975 recuerdo que en plena erupción ciudadana, poco después del Campeonato Mundial de fútbol de 1970, inicio la construcción de una obra monumental. El Gimnasio Guelatao. Enorme centro deportivo de 7 niveles de altura, enclavado en el popular Barrio de la Lagunilla. Este deportivo del que aún conservo la credencial 15 de las 3000 originales, tenía en sus dos primeros niveles una alberca semiolímpica y fosa de clavados; en sus niveles intermedios uno podía entrenar básquet y voleibol en cancha de duela brillante, con tablero electrónico, gimnasio de pesas y baños de vapor. Y en los dos últimos niveles se hallaba el gimnasio para las disciplinas propias de la lucha, la gimnasia olímpica y toda clase de aparatos para la excelencia deportiva. Y ser socio, casi no costaba nada.
Recuerdo que al salir nos dirigíamos diariamente a la plaza de Garibaldi donde siempre tomábamos unas aguas preparadas con esencias y aguas carbonatadas. De sabores de la grosella, naranja, limón, cerveza de raíz, anís. Y cuando obteníamos algún triunfo no faltaba la visita al mercado de comida, de una de las plazas más conocidas por sus Mariachis.
La oferta gastronómica era muy parecida entre los locatarios, pero siempre deliciosa. Las biririas y pozoles, únicos. Las costillas con tortillas hechas a mano. El fabuloso tepache, como solo se prueba en Garibaldi y, para mi recuerdo particular, el arroz con leche, el mejor que he probado en toda mi vida, además de jericallas y frutas almibaradas y flanes.
Este arroz, que ha mucha gente no acaba de gustarle, es parecido al engrudo, contiene pasas, lo servían en unas cajitas selladas con parafina y de colores opacos pero memorables, con tonos verde limón y rojos. Lo mantenían en cazuelas y duraba días, siempre a la vista. Una delicatessen.
El último club Deportivo al que pertenecí antes de abandonar el DF, fue el Sport City. La modernidad total, la tecnología, instructores, servicios y precios. Algo así como 100 mil pesos por año. Aburrido, frió, impactante. Antes fui socio del Cantil, y de la UNAM y su alberca de agua fría, donde se desarrollaron las competencias de natación en los Panamericanos de 1956.
Para los socios del Sport City, que abrió sus puertas en 1996 en la Plaza Eureka, por los rumbos de Mixcoac, el servicio de alimentos es un escaparate de lo naive, lo snob y lo accesorio. Un restaurante donde consumir una carta muy larga de jugos y ensaladas. Un menú variado, siempre al pendiente de la calidad de los ingredientes y por supuesto señaladas muy visiblemente las calorías, fibra, y demás componentes de cada platillo.
El jocoque, yogurt, carnes magras, alimentos integrales, verduras son la base. Las bebidas isotónicas son junto con algunas ligth y otras sin alcohol la dieta de los deportistas ricos, que en el deporte solo buscan la posición y el oropel.
Por suerte aquí en Tejupilco hay un buen gimnasio, el de Mario, hay otro en proyecto permanente y un buen Restaurante en donde pueden encontrar todos los jugos naturales apropiados para recuperarse del esfuerzo. Los desayunos, comidas y cenas, sanas y recomendables para el atleta y un magnífico ambiente, buena música, videos e Internet inalámbrico, para vivir como tiene que ser. Restaurante La Misión.

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