EL SECTOR SOCIAL

La visita de Andrés Manuel López Obrador esta última semana de agosto de 2014, a la región sur del estado de México, ha dejado varias declaraciones que deben ser  comentadas ampliamente entre la población sureña. Dijo el Peje que “esta desatada la violencia en el Estado de México: según cifras oficiales se comenten seis homicidios diarios más secuestros y otros delitos graves….”  Y en su cuenta de facebook, agregó que “En Luvianos expresé que no se puede apagar el fuego con el fuego”
Y es que –dice Andrés Manuel- “Desde hace años venimos diciendo que la crisis de inseguridad y violencia se originó por la actual política económica. Hemos dicho que si no hay crecimiento económico, como no ha habido, de 1983 a la fecha, no se generan empleos, no hay bienestar ni puede haber tranquilidad y paz social… En Los Pinos se están robando 400 mil millones cada año. Por eso no hay empleo no hay oportunidad para los jóvenes”
En otra parte de su discurso, AMLO  recuerda y advierte queLa paz y la tranquilidad son frutos de la justicia. Por eso, es imprescindible cambiar el régimen y la política económica” Pero de todas las piezas de oratoria que pronunció Andrés Manuel López Obrador, en su visita a la tierra caliente, la que más nos debe preocupar, me parece a mí, es la que señala que “México vive una depresión colectiva por pobreza y desigualdad”
Con una cauda de muertes criminales, superior en los primeros 20 meses de gobierno de Peña Nieto a los de Felipe Calderón; con el Dr. Mireles encarcelado en Sonora, se dice que a solicitud expresa del gobierno norteamericano; con una sociedad corrompida por los vicios yanquis, el sueño ofrecido por los Amos gringos, que solo franquean el paso de los trabajadores necesarios y suficientes para garantizar mano de obra allende el Bravo; somos testigos impávidos de la barbarie contaminante y expoliadora de Compañía Minera México, un auténtico depredador industrial que contamina y mata la vida de los ríos y arroyos en Sonora, igual y como lo hace en Temascaltepec la Mina de la Albarrada. Frente a una ofensiva en los medios de comunicación abiertamente mentirosa, arrolladora, demagógica: “hay que ponerse unos corchos en los oídos” advierte jocos el mismo Peje, aunque la realidad es que resulta imposible impedir que la gente caiga seducida por el engaño, embelesada por la mentira, vencida por la psicosis que le mata de miedo y que así pierde la humanidad, la inteligencia, la alegría, la orientación y el sentido de vivir.
Porque los síntomas que se observan en la locura desatada son muchos y variados. Es el optimismo exultante entre la población de Temascaltepec, celebrando anticipadamente el retorno de los Amos que “van a abrir otra vez todas las minas” “¡Véngase para acá otra vez!” Me dicen Rafa, Joel, Toño, Don José, Sergio, los que se imaginan que volverán aquellos tiempos donde la población de Temascaltepec la constituían los “caporales” que manejaban los intereses de los Amos (aztecas-españoles-ingleses-alemanes-yanquis), que ordenaba a los indios,  para trabajar de peones.
Pero hay otros síntomas de locura demencial, de tristeza infinita, como las largas filas que esperan en diferentes establecimientos en la Ciudad de México, turno para que le pongan una calcomanía a una lata de Coca Cola con “su nombre”. Pero sin duda que el súmmum de la estupidez generalizada ha sido la reunión que se llevó a cabo el pasado domingo 25 de agosto, en el palacio de los Deportes del DF, convocada por la “Red Jóvenes por México”, que es el nombre del sector encargado de cooptar a la juventud nacional idiota, en cada entidad, municipio, pueblo, ranchería, para el PRI.
Y me detengo para insistir que la palabra idiota la uso en el sentido etimológico y original, la que designaba aquellos miembros de las comunidades que no participaban de la cosa pública, que no sabían o no querían discutir en el Ágora los asuntos de gobierno y se apartaban para recluirse exclusivamente a lo que para ellos, los idiotas, eran sus asuntos privados. Decían que no eran políticos o como mugen ahora, son “apolíticos”.
Es momento de recordar la clasificación social del italiano Carlos María Cipolla (1922-2000) que cita Fernando Savater en su Diccionario Filosófico, donde distingue cuatro categorías morales en los actos humanos: hay los buenos o sabios, cuyos actos logran ventajas para sí mismo y para los demás; están los incautos, que son los que quieren obtener beneficios propios y en realidad colaboran para otros; luego siguen los malos, los que hacen daños a los demás con el fin exclusivo de beneficiarse el mismo; y por último aparecen los estúpidos, que pretendiendo ser buenos o malos, sin distinguir, siempre resulta que perjudican a los demás y así mismos también.
Dice Cipolla que “los numerosos males que nos aquejan, tienen por causa la actividad incesante del clan formado por los máximos conspiradores espontáneos contra la felicidad humana: a saber, los estúpidos”. Son los encantados con el PRI y que encuentran espacios para desatar sin límites su condición de estupidez.
En el sur del estado de México, hay muchos estúpidos agrupados  en  membretes (¡“que ayudan a la gente”! sic), que son testimonios fehacientes de lo que digo, y me apoyo en Anatole France, para subrayar que “el estúpido es peor que el malo, porque el malo descansa de vez en cuando, pero el estúpido jamás” Y ya ofrecen empleo a los jóvenes incautos  y los invitan a festivales y se aprovechan de sus miedos y miserias personales, conspirando, mal educando, con gran activismo, estúpido, siempre con recursos públicos y programas sociales: estúpidos y delincuentes electorales.
Por fortuna y aunque parezca extraño o difícil de creer, en tiempos de estupidez generalizada, que se contagia como el virus de moda, el del ébola, existen alternativas políticas y modelos económicos diferentes al de la corrupción, simulación y demagogia neoliberal: se llama Sector Social y es una parte fundacional de México. Es el que conforman los agentes que comparten el trabajo y la propiedad de manera organizada. Son los ejidos, las comunidades agrarias, los sindicatos, es la organización vecinal, las “tandas” y cajas de ahorro, pero el que representa mejor esta forma de propiedad, que no es ni pública ni privada, es el cooperativismo.
“El cooperativismo en México tiene profundas raíces históricas. A principios del siglo pasado las organizaciones cooperativas tuvieron una importante participación en la política nacional. La fundación de la Caja Popular Mexicana, merced a los esfuerzos, entre otros de Vicente Riva Palacio, Ignacio Manuel Altamirano y Filomeno Mata ayudo a propagar y establecer sociedades cooperativas de productores y de consumo en toda la República. Durante el periodo revolucionario el movimiento cooperativista se manifestó especialmente en grupos que luchaban inspirados por el pensamiento de los hermanos Flores Magón.
Así, en la constitución de 1917 se hace referencia a las sociedades cooperativas en artículos esenciales a la Carta Magna, como el 28 y el 123, que establecen que las cooperativas no serán consideradas monopolios y su objetivo será de utilidad social y no necesariamente de lucro. No obstante, con excepción del gobierno de Cárdenas y más tarde, en el periodo de gobierno entre 1970-1980, la importancia económica de las cooperativas ha sido reducida, tanto en su contribución al Producto Interno Bruto, como en la generación de empleo.
Las cooperativas son formas de organización social del trabajo. Son conocidas las sociedades de este tipo que han sobresalido por sus resultados: por ejemplo las cooperativas pesqueras, a las cuales la ley les reservaba la explotación exclusiva del camarón y de otras siete especies marinas, entre ellas la tortuga, el abulón y el ostión; las de la industria editorial, como los periódicos La Prensa y Excélsior; la que formaron los trabajadores de los desaparecidos Ferrocarriles Nacionales o en la industria refresquera, la Pato Pascual; pero quizás la más importante sea la de Cementos Cruz Azul, máxime por participar en un mercado donde Cementos Monterrey, Apasco y Tolteca dominan ampliamente el mercado nacional. Con un 15% de participación de la industria cementera, Cruz Azul se distingue de las competidoras por la calidad de su producto, por las estupendas instalaciones, limpias de toda contaminación, por las buenas condiciones generales de todos los que ahí laboran” (Cartas Mexiquenses pág. 66)
Existe, por fortuna un caso paradigmático que también puede mencionarse en este ensayo, es el de Marinaleda, un municipio sevillano que en España se ha organizado con una ideología clásica de izquierda. La tierra es para quien la trabaja, "Marinaleda una utopía hacia la paz". Con salarios para todos los trabajadores, sin importar cuál sea su puesto,  de 47 euros por jornada, seis días por semana, a razón de 1.128 euros al mes por 35 horas semanales. Lo que equivale a $19,740 al mes, en tanto en México  el sueldo mínimo mensual equivale a $1,950 (111.50 euros), con jornadas de 48 horas, oficialmente.
Con el uso consciente del ayuntamiento como herramienta política de transformación social, este Municipio, muy criticado por unos, admirado por muchos, y aquí debo confesar que me enteré de este experimento social,  a través de uno de mis artistas favoritos, Joaquín Sabina, partidario absoluto de vivir de esta manera: con servicios sociales de primera calidad y de bajo costo para la población: son la Casa de Cultura, alberca, guardería infantil, hogares para pensionistas, con el compromiso de que nadie pague más de 15 euros ($255) de renta o de letra de pago por una casa y con una institución olvidada en México, la Escuela Taller que además de enseñar a pensar y a hablar, capacita a los habitantes de este poblado español en albañilería, electricidad, fontanería, carpintería metálica, agricultura ecológica, que te hace un ciudadano útil –la inteligencia es corporal- en vez de las capacitaciones para el consumismo y esclavitud vía “tablets”, tan de moda en México.
Es Marinaleda que ha logrado un alto índice de desarrollo y prácticamente, el pleno empleo para toda su población. El desarrollo de un modelo económico alternativo al capitalista con unos resultados notables, donde, es requisito que el Presidente Municipal, igual que el resto de los miembros del ayuntamiento, no perciba sueldo ni salario alguno. No hay secretaria del alcalde o de alcaldía, no hay policía dependiente del ayuntamiento, no hay ningún consejero político o responsable de prensa. Los únicos universitarios que trabajan en el ayuntamiento de Marinaleda son el secretario municipal y el técnico de la administración general.

Gobernar en Marinaleda es un honor y un compromiso ético fuerte de todos los implicados en la organización, que respalde las ideas que les mueven. Por ello: Todos los cargos son elegibles y revocables por la asamblea general del pueblo. Cualquier persona que ocupe alguna responsabilidad deberá ser el primero a la hora de la lucha y los sacrificios y los últimos a la hora de los beneficios. En Marinaleda, se considera que el dinero debe ser un instrumento de solidaridad y libertad y nunca un botín para enriquecimiento particular de nadie

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