MALOS PADRES, MALOS PRESIDENTES

La falta de comprensión, la desinformación, la ausencia como se conduce el Lic. Calderón al frente de la presidencia de la república, desde las cuestionadísimas elecciones del 2% de julio del 2006, lo invita a caer una y otra vez, haiga sido como haiga sido, en el ridículo y la desventura.
La pretendida postura honorable del Hijo Desobediente, en un alarde de falso patriotismo, en el que no cree, ni defiende, ni le interesa, a quien preside, de manera espuria la presidencia de la República, al acusar, en el mejor estilo díazordacista, que los Estados Unidos de Norteamérica, son un mar de drogas y que México es un mar de sangre, en el que se ahogan los muertos que aporta nuestro país, fue inmediatamente respondido por el embajador gringo, diciendo, que México, ya es un mercado de drogas, tan importante como el del país, del que es representante.
Pareciera que Felipe Calderón continúa, completamente desubicado de todo lo que es y lo que hace. Extraviado, atado de manos y perdido en mares de excesos. Se habla y mucho de las debilidades de Calderón por el consumo del alcohol y de sus incontinencias de iracundia apasionada que lo ciega y consume.
Falta visión de Estado, replanteamientos de estrategias, de la vida política de nuestra comunidad. Acusar al país vecino de ser causante del infierno de violencia y crimen diario, denota una visión descuadrada, frágil y peligrosa. De ahí la respuesta contundente. México se ha transformado de corredor, en mercado de drogas y esa es una realidad fatal. Tan grave, como decir que fue ridícula la acción de los legisladores que tomando la tribuna del Congreso, evitaron la asonada presidencial, encubierta y disfrazada, en contra de la propiedad nacional del petróleo, su exploración, explotación y procesamientos.
O tan inútil como el llamado del mismo Felipe Calderón a un ¡Ya Basta!... ¿Qué? ¿Las muertes despiadadas? ¿El crimen organizado? Ya basta de la propaganda inmisericorde, mentirosa, artera. Ya basta, de las injusticias, desigualdades, hambre y miserias. Ya basta, de hacer de México rehén del exterior, de la tecnología, de los alimentos, del entretenimiento y perversión. Ya basta, de ver que policías con sueldos de 3 mil pesos, exhiban automóviles de cientos de miles. Ya basta de los rondines y de la prepotencia. Ya basta de la burla y el descrédito. Ya basta de la vocinglería, la arrogancia y soberbia. Ya basta de la ruptura de los ordenamientos jurídicos, de las limosnas millonarias, de mis impuestos para el culto, la devoción y la ignorancia. Ya basta de que en Temascaltepec, me tenga que chutar la misa dominical, con altavoces que me retumban en los oídos. Ya basta de hacer de la educación una lucha de poder y de sometimiento. ¡Ya basta!
Cuentan, quienes conocieron la vida personal de Miguel de la Madrid, que tuvo un hijo que nació con síndrome de Down o una deficiencia parecida, que no pudo soportar, el padre, que alejo a su vástago de su lado, para siempre. Ese fue el trato que dispenso a su propio hijo, por eso nos fue a los mexicanos, de la manera que nos fue con una autoridad política desalmada, como la del “perfumado”, le decían a De la Madrid. Ni que decir de Fox, el hombre de paja que jamás pudo ser padre de hijos propios. Los únicos que se quieren y defienden. Del único presidente a la fecha que, a diferencia de todos sus antecesores, que entraban casados y salían con amantes, este, entro con una amante a los Pinos y salió con una esposa.
Y dos tristes casos, repulsivos, singulares, sintomáticos de la debacle familiar. Derrumbe de los principios y arquetipos de honor y muestrario anecdótico de la mezcla perversa de la política y la farándula: los de Zedillo Jr., causante además de la marcha sin retorno del fantástico grupo U2, por sus escándalos de hijito de papi el presidente; y el de Santiago Creel, el de las frases chuscas, fantoches y vergonzosas ¿recuerdan lo de "hombrecito"?
Representantes de la nueva clase política, cínica y desvergonzada. Padres ocasionales de una noche de copas. Propietarios de la doble moral que religiosa y fotográficamente los ata a un compromiso, y a la chita callando los arroja en brazos de odaliscas al estilo Televisa. Sin ningún respeto por la familia: base, sustento y fundamento de todo Estado, primordialmente del mexicano, que fue, hace ya muchos ayeres, centro y fundamento de un país de honor y de amor, antes que nada, por sí mismos.

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