TELETON I

El aniversario 12 del TELETON en México es una flecha clave que permite ubicar el principio del fin del México independiente y revolucionario. Es el antes y después de una época largamente anunciada. Es la irrupción de la tecnología mediática, de la intromisión grosera, abrupta y contundente del monopolio de la televisión en México. Ese diciembre de 1997, tras los gestos apurados, sufridores y sobreactuados de los payasitos de la televisión; detrás de las máscaras compungidas y las frases repetidas por los vendedores de cremas y talcos retumban los jingles, hostigan los tímpanos sensibles de la faramalla y tinglado especialmente preparado para convocar a la donación y al altruismo, a la farsa y el embuste. Lágrimas, risas y amor al dinero
Hace doce años comenzábamos a darnos cuenta de la nueva realidad. Subordinados a los Estados Unidos, económicamente anexionados, socialmente atorados en su tiempo, el nuevo horario de las finanzas; en su escala de valores, miedos y placeres gustosos. Un México noqueado, arruinado y económicamente esclavizado, que aún no podía reponerse de la marejada inaugural de muerte, de traición, ambición y engaño en 1994; de ruina y quiebra masiva, brutal, descarada, deliberada, decidida intencionadamente para que ocurriera de esa manera.
Menos aún de la involución acelerada de la vida nacional de 1995 y 1996. De la erección de una nueva superioridad superior. Derrumbe de la autoridad real, desplazamiento del símbolo origen que dio vida y destino a la nación, de la Presidencia de República pervertida en lugar de tiranía y despotismo. Sustitución descarada: del Tlatoani Azteca al Dios Rating, del Monarca Republicano fundador al Gerente al servicio de las partes poderosas del nuevo Estado. Cambio maquiavélico en el modelo de poder –anticipado por el florentino- de Gran Turco a Rey de Francia; de poder vertical a consensos horizontales, de fortalezas por debilidades.
La fiesta del TELETÓN inaugurada hace doce años es una recreación desfachatada de la nueva realidad política del país. Los ricotes haciendo de la caridad negocio, de los débiles espectáculo y de la riqueza y de la ganancia y del negocio: Dios. Trasplante formal de la máxima norteamericana, de la divisa impresa en sus billetes: In God we trust, el The trust is our God.
A partir de 1997 los monigotes de la taravisión comenzaron con descaro intencionado a traer al Dios, al Jesús en la boca para saludar, despedirse, rogar, pensar, amar, odiar. Pero no el Tloque Nahuaque, sino el Dios de las tierras de Canaán, dios poderoso que todo lo puede: salvar vidas, rescatar alcohólicos, pasar exámenes, maldecir bendecir, abusar, torear, educar, concebir, premiar, castigar y claro convocar, pedir, extorsionar y engañar.
Hace 12 años comenzó el reemplazo deliberado de los valores republicanos que son el origen fundacional de México: agradecimiento, respeto, valentía, justicia, lealtad, por los vicios pregonados melifluamente por las oligarquías, solidaridad, compasión, tolerancia, humanidad y derecho, baluartes repugnantes que sostiene toda la sociedad yanqui: homicidio, robo e incesto.

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