LA HERENCIA SUCESORIA II

El asunto de la sucesión es un problema complejo, en la medida en que se aparta de la naturaleza real de la vida política. Cuando puede no suceder así, las bellas muertes son tiempos de fiesta. Un caso célebre, el de una muerte principesca, lo ha sido sin duda la de Karol Wojtyla, Juan Pablo II, quien paso a paso, cedió ante la inminencia mortal y preparó todo el espectáculo de su fallecimiento anticipado.
Gracias a este rito ancestral, una institución milenaria como la iglesia católica perdura y mantiene influencia, respeto, poder y autoridad. Pero veamos tres casos notables por su alejamiento o cercanía, con la probada naturaleza de las cosas y comparemos:
• En el Rey Lear, Shakespeare retrata un mal acto, de un mal rey, quien decide abdicar su lugar soberano, y heredar en vida su reino, seducido por las empalagosas adulaciones de sus hijas mayores. En cambio, mira monstruosas las afirmaciones de la menor, Cordelia -la que esta cuerda- quien a cambio de recibir el ser, alimento y cariño de su padre, le dice, “Os retorno lo que el deber me impone; obedezco, os amo y honro sobremanera… Ni más ni menos”
El Rey Lear no acepta ni tolera la sinceridad y franqueza de su hija, y le expulsa del reino. Los motivos de esta herencia anticipada, corruptora como todas las herencias, en que el “muerto” toma posesión del vivo, son frívolas y banales y las consecuencias de esta decisión equivocada es la guerra entre hermanas, hasta la muerte de las hijas heredadas, y el deceso, también del monarca y Padre, muy a pesar de de la presencia salvadora de la hija menor.
En la Satrapia de Calderón, sucede al revés. El vivo tomo posesión del “muerto Mouriño” y todo se le cuatrapeo.
• En El Padrino de Mario Puzzo, la cuestión de la sucesión es un asunto de sobrevivencia y muerte. Ocupar el lugar que deja Vito Corleone, se traduce en el asesinato a mansalva de Sony, el hijo mayor, y en el ajuste de cuentas entre familias por el menor de los herederos, Michel, quien comprende que solo masacrando a su vez a todos los rivales, se podrá convertir en el nuevo Don del poder, que da solamente el dinero y la guerra.
Es el escenario premonitorio de la elección del candidato, dentro del PRI.
• Una biografía de Guillermo el Mariscal, preceptor de uno de los Eduardo que gobernarían sabiamente Inglaterra durante generaciones, comienza con el momento de su muerte, que como obra teatral se representa por actos: el primero es la conciencia de que llega el momento de morir y hay que preparar la sucesión; el segundo es el discurso moral que los padres, en el lecho de muerte deben tener con su hijo mayor: la regla, dice Duby, el historiador, es muy simple “no hay más que un solo heredero natural, el hombre en el que sobrevivirá el difunto, su hijo mayor".
Fue la regla majestuosa, en una Monarquía Repúblicana, siempre que gobernó un Presidente Real.
En México la sucesión presidencial fue epicentro de todo orden político, social y económico. Estado Republicano en la forma y a la letra de la ley, era en esencia una Monarquía, constitucionalmente, meta constitucional y extralegal. Esa fue su fuerza y de ahí devino siempre la autoridad que hizo que nuestro país fuera ejemplo, paradigma y realidad. Hasta que se rompió el principio sucesorio que hacía del primogénito del sistema político, el candidato y próximo presidente de la Nación. Dichas bases eran que el delfín sucesor estaría al frente de la Secretaría de Gobernación, estar Licenciado en Derecho, originario del interior de la república, haber ocupado cargos de elección popular y, por supuesto mexicano, de padres y ancestros mexicanos. Rota esta regla sucesoria, México vive un drama parecido al de la familia Corleone.
Curiosamente, el Secretario de Gobernación mas recordado, Jesus Reyes heroles, es el caso que rompe con la regla de oro en la Política Mexicana. Impedido para heredar la Presidencia, la soberbia y vanidad, del Tuxpeño, hijo de padres españoles, acepto un cargo que políticamente no debió ocupar nunca.
La Sucesión en Cuba es, en cambio un rito pausado, majestuoso, calculado, de un Rey, Fidel Castro, que sabiamente reconoce que las fuerzas ya no le alcanzan y prepara, con solo el anuncio, que en la Democracia Cubana, el ya no presidirá el Gobierno ni el Partido Comunista y en su lugar queda al frente su primogénito político, su hermano, Raúl Castro Ruz.
La campaña de infamias, mentiras y ataques diarios en la prensa, ante el anuncio de su retiro de la vida pública, no evita detenerse frente a Fidel, el gran líder que defendió a su patria, a su pueblo y a su forma de vida, del estado de guerra que siempre ha mantenido el imperio en su contra desde hace 50 años.
Como sucede ahora en la edición de los Juegos Centroamericanos y del Caribe, a los que Cuba declino asisitir, por las imposiciones del Gobierno gringo a Puerto Rico, “la Perla del Caribe”, a la que mantiene sometida y en calidad de Estado Asociado, desde hace 112 años.
Diría Duby “El moribundo ha elegido ya su sepultura… esperando la resurrección. Este cuerpo… le ha remitido a quienes cumplirán su voluntad. Ya no le pertenece por completo. Además ya no tiene tan firmemente a su alma… esta envoltura corporal deriva desde ahora hacia la muerte, y no se sabe que movimientos van a agitarlo muy pronto, a modificar su color y su olor

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