DE ROSEBUD a TARANDACUAO

Acaban de transmitir por un canal de televisión de paga, la película clásica titulada el Ciudadano Kane. Obra maestra de Orson Welles, esta cinta trata la vida del hombre que se convierte en magnate de los medios de comunicación impresos en los Estados Unidos. Retrato del modelo periodístico norteamericano, el Ciudadano Kane es un reflejo critico de William R. Hearst, promotor del periodismo basado en la nota sensacionalista, el tiraje y venta de ejemplares, el periodismo como medio de presión, el chantaje y el poder. Desde entonces la prensa paso a ser conocida como “quinto poder” con episodios tan conocidos como la guerra propalada desde el monopolio Hearst, en contra de Cuba, arrebatada a España y causa que facilita que los Estados Unidos se aposentaran en Panamá, para llevar a cabo la construcción, poco tiempo después, del canal interoceánico.

Kane desata en la trama de la película –fue peor en la realidad-, una auténtica cacería de brujas en Estados Unidos contra todos sus adversarios; fomenta un espíritu xenófobo contra las minorías migrantes y sus impresionantes ventas de periódicos se ven alentadas diariamente por el sensacionalismo y la denigración. Ruta, por cierto, que en México viene siguiendo el monopolio televisivo, con mas vehemencia y de manera mas descarada, todos los días (el programa Tercer Grado, como lo han sido los ensayos con Brozo, las notas de López Doriga contra periódicos rivales y el expediente Paula Cussi, son algunas pruebas de lo dicho) Sin embargo a diferencia de los Estados Unidos, cuya población siempre ha tenido la costumbre de leer, en razón de su religión dominante que obliga a la lectura de la Biblia Evangélica, en México, en vez de lectura se ha fomentado de manera terrible la atención a la señal de la televisión, como bien lo defendiera Vicente Fox, al aplaudir a la gente que en vez de leer, ve la televisión “y así serás mas feliz” o a tono con las declaraciones del Secretario de Educación, Lujambio, quien afirma que “las telenovelas educan”


Valga esta introducción para recordar que el Ciudadano Kane tiene dos momentos estelares, al principio y al final, con la mención de la palabra “Rosebud”. El enigma de esta ultima exclamación en el lecho de muerte, rodeado de los lujos mas extravagantes y artificiales de su imperio denominado Xanadu, tiene que ver con los recuerdos de la infancia de Kane, arrebatada, por la ambición de la madre y la debilidad del padre. Pues si alguien, en este momento, me preguntara que palabra seria la que me vendría a la cabeza, a este escritor de columnas, nada poderoso, pero si muy dado a vivir como propios, algunas veces, los momentos sublimes de la literatura o de la pantalla, seria Tarandacuao.

La celebración de una feria de las Nieves en Tejupilco o un Camping organizado en el Rancho El Arete, me han dado pie para reflexionar sobre las bondades de vivir en la provincia mexicana, sus virtudes y ventajas comparativas frente a la vida urbana. De entrada hay que destacar lo que sin duda es inobjetable, máxime en los parajes sureños: valles, montañas, sol, humedad, aire límpido y en movimiento. Contrastes notables entre las reservas boscosas y la tierra caliente, no obstante cualquier mirada esta llena de belleza natural. En la ciudad, en cambio no existen estos paisajes y hay que salir a encontrarse con ellos. La armonía que se respira en las zonas rurales, llenas de belleza, permiten revalorar dos sentidos fundamentales para el ser humano y quizás tenga que incluir a los cinco sentidos, pero particularmente son la vista y el oído los medios mas atrofiados para quienes nacimos en las ciudades urbanas. La capacidad de observación y de escucha de la gente del campo, es increíblemente superior a quienes miran tanto que no ven nada y oyen tal cantidad de decibeles que pierden la capacidad de escuchar. Creo que el sentido del olfato también es una ventaja rural comparativa.


¿Entonces, porque se consideran superiores los habitantes urbanos a los ciudadanos rurales? Creo que aunque el tema es muy amplio, esta verdad se debe a la información que se procesa en las ciudades, a la velocidad con que vive y se comunica la gente y por que esta es la formula moderna impulsada por el mundo globalizado, por los intereses multinacionales y por los monopolos transnacionales. Es decir, por el mundo yanqui que ha gozado al ver a su Presidente, pasmado frente a un monitor que transmite el ataque al refugio que habitaba –dicen- Osama Bin Laden, o a la Secretaria Hillary Clinton, tapándose la boca, en un gesto femenino de horror y espanto.

¿Esta economía de la información hace superiores a los habitantes del mundo moderno? ¿Es el estado comercial, globalizado, el modelo a seguir por países que como México aún mantiene fuertes concentraciones rurales y que se gobierna con base en una ley constitucional, absolutamente opuesta y contraria a los estados de derechos y leyes oligarcas o neoliberales, como les llaman sus panegiristas apologéticos?

Yo creo que no. Prueba de ello es que hace 35 años me toco vivir el episodio más feliz de mi vida, al llegar, de noche, por primera vez a un lugar desconocido, en búsqueda de la única persona de quien he estado apasionadamente enamorado. Un pequeño pueblecito localizado en un confín de México, oscuro, sin alumbrado público, que despertaba de madrugada, al calor de los comales, con el olor de los bosques, calles empedradas y tierra húmeda. Ese lugar, el pueblo del que hablo, fue tomado el día de ayer, por la Procuraduría de Guanajuato, detenidos 40 elementos, acusados de cobijar a la Familia Michoacana… es Tarandacuao, mi Rosebud que se pierde entre las brasas de la chimenea a donde ha sido arrojado el recuerdo. Es el presente bélico de un México obligado a caminar por las rutas de la violencia bestial, propiciada por la demencia total de Felipe Calderón “el Beato” suplicante ante el Jefe Político de un Estado Extranjero: they need you so much, more than ever. We are suffering (el “Pelele” al Papa, en el Vaticano)


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