Monday, April 16, 2012

CIUDAD O PROVINCIA


Aunque parece claro que la ciudad es el nombre que se deriva de la palabra “Civitas”, como eran llamados en Roma los hombres libres que tenían derechos, que no era el caso de los “peregrini” los peregrinos o extranjeros, ni tampoco de los que no tenían derechos, por cuestiones de edad, sexo o esclavitud, no parece lo mismo definir el significado de la provincia. Para unos la provincia es significado de “pro-venceré”: (hacia la victoria). Otros reducen la palabra a un cargo vinculante al estado, como pro-cónsul, así  pro-Vinci
Entender la semántica de estos conceptos, se vuelve uno de tantos asuntos de interés capital, que en estas fechas de Fiesta Anual en Tejupilco y temporada de Semana Santa, adquiere relevancia, por los contrastes manifiestos entre la población que habita esta región sureña y la gente que visita, por costumbre o por casualidad, al tercer municipio con mayor extensión (669 km²) de todo el estado de México.
Debo reconocer que el tema reviste un especial interés para este columnista chilango-ranchero, debido a que las condiciones que me llevaron a elegir vivir en la provincia, han cambiado sustancialmente en el transcurso de 20 años. Por un lado, la buena calidad de vida (la Better Life, como se titula la cinta que premia a Demian Bichir ser candidato a un Oscar de la Academia de Hollywood) que existía en el estado de México, en Temascaltepec a principios de la década de los 90’s ha desaparecido por completo. Aquellas imágenes bucólicas de la población ocupada en sus siembras, de moderación y de vida familiar, procuradas comunitariamente, ya no existen. Las estampas provincianas, han sido reemplazadas por mezclas aún en proceso de expresión final, marcadas por la violencia, la envidia, la ignorancia, el egoísmo y un feroz individualismo.
Por el contrario, la calidad de vida en la Ciudad de México, ha agudizado sus contradicciones laborales, viales, ambientales, pero ha progresado enormidades en materia de beneficios sociales, seguridad pública, convivencia vecinal y ha incrementado brutalmente la concentración de las bellas artes, de las expresiones sociales de todo tipo, la tolerancia y el reconocimiento a ciudadanos con aptitudes y cualidades diferentes, a los de las mayorías. Se ha incrementado la concentración piramidal del conocimiento, la información y la tecnología en el DF, respecto al resto del país.
Eso me ha llevado a preguntarme sobre la superioridad o la inferioridad de la calidad de vida en cada parte (que sería extensivo a los partidos que gobiernan en diferentes regiones) de México y por consiguiente, a las diferentes percepciones que resienten los ciudadanos que viven en cada lugar. ¿Quienes son mas felices, quienes son mejores, en que consiste la felicidad de uno y de otra? Preguntas complejas que admiten variadas respuestas, como si preguntara, si el saber de un médico, de un fontanero, o de un maestro, es superior al arte un jefe político. Presuponiendo la bondad y recta intención de cada uno, es indudable que el Jefe político esta por encima de todos los demás, porque los asuntos de la vida política, son indispensables para que puedan existir las demás prácticas. El que algunos políticos se dediquen a combatir los síntomas de las enfermedades sociales (combate al crimen) y otros a remediar las causas (empleo, buena educación, oportunidades) hace la diferencia y es parecido a las charlas que me toco presenciar entre jóvenes visitantes a Tejupilco que afirman ser mejores por vivir en la ciudad y otras que a su manera defienden lo contrario.

Tertulias que concluyeron dialécticamente, como si una causa fuera contradicción de la anterior y en la singular ocasión, se hallaran como respuestas la síntesis aleccionadora, para reflexionar que en la provincia se privilegia el desarrollo de los sentidos humanos, particularmente los que atañen a la vista, al oído y al olfato. Si en el DF de tanto ver, termina uno por no ver nada, sucede lo contrario en la provincia rural, donde fue unánime el reconocimiento a las facultades de la vista de la gente no urbanizada, que permite obtener visiones mas allá de los espectros infrarrojos o ultravioletas, imposibles de percibir por los citadinos. Igual sucede con el sentido del oído y del olfato, uno destruido por los decibeles y el segundo por la contaminación, en ambos casos defectos congénitos a la ciudad moderna. .
Quedan pendientes dos sentidos, el del tacto y el gusto, cuyo exceso o defecto confunde la depravación con la insensibilidad y cuyo justo medio, la moderación, parece cliché comercial de anuncio cervecero. Mejor hay que reseñar la enjundia que demuestran quienes defienden vivir la vida variada –en la variedad esta el gusto reza el saber empírico- que solo existe en la ciudad de México: conocer expresiones diferentes, convivir con almas extrañas, visitar mundos opuestos y salir de la rutina y el tedio que la terca mansedumbre provincial impone como regla inflexible, fueron los argumentos demoledores contra la aburrida repetición de lo mismo: la misma feria, la misma gente, las mismas necedades…
Es un privilegio chilango, disfrutar la información como garante de las diferencias observadas: es la radio, el cine, conferencias y debates, son congales y arrabales, operetas y exposiciones, es televisión y teatro. La gente de la ciudad esta informada al instante y esa costumbre le permite tomar decisiones y elecciones variadas. Se forman de conciencia política y cuestionan opinan, dudan y participan de manera activa de múltiples maneras, todos los días.
De manera amorosa, como hacia mucho tiempo no era testigo, pude observar que la polémica nunca derivo en enfrentamiento y que el debate culmino en una  conclusión aventurada, pero unánime: La gente de provincia es más humana y la gente de las ciudades es más política. Asunto concluido, se levantaron las ponentes entreveradas y tomadas de la mano se fueron a comprar una nieve al centro del pueblo, del pueblo de Tejupilco
EPILOGO: Yo no estoy de acuerdo (pero reproduzco la genial demostración de amistad). No será así mientras sigan presentándose Jenny Rivera (“nunca había visto mas viejas borrachas que en Tejupilco” exclamo la gorda borrachota) o Guerra de Chistes: el pan y circo de la peor especie No será cierta la superioridad humana ni existirá conciencia política en la provincia, mientras el magisterio sindical continúe mal educando y el PRI mantenga el poder de la dictadura, que en el estado de México nunca ha dejado de aplastar a la población, nada ciudadana.

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