LA GRAN COMILONA: LA VIDA NOCTURNA EN TEJUPILCO

No son comparables. Mundos completamente diferentes. Hablar del Estado de México, de Tejupilco en relación al entretenimiento nocturno internacional, a la diversión, música, bares, discos, antros, clubes, los conocidos como “after hours”, Púb. Todos conceptos extraños, ajenos, lejanos a la idiosincrasia nativa. Pero existen.
Acaso y en la zona denominada como “el valle”, en la periferia de la gran capital, más hacia las ciudades satélites originales, Naucalpan, Echegaray, Cuautitlan, y apenas ahora en el dinámico municipio de Metepec se comienza a ver una oferta para los noctucnambulos asiduos a la vida nocturna variada.
Grandes capitales como el DF., Nueva York, Madrid, o centros turísticos mundiales como Ibiza, Can Cun, Saint Tropéz, en cambio desarrollan diariamente una intensa actividad que combina la música, ritmo, luces, baile, frenesí, gastronomía, lujo, calidad.
Nombres como Demodé, Fabrik, Lola, Shine, o géneros del tipo techno, reggae, electro-punk, no dicen nada en la tierra del pasito duranguense y la cumbia.
Sin embargo son modernas formas del entretenimiento que impactan los sentidos y de buen gusto. Nada comparable a las bobas y simplonas diversiones gringas de sus Vegas o Miami. Tampoco se asemejan al clásico centro de baile cubano, el del famoso Tropicana en la Habana, capital reina del ritmo.
En cambio los conceptos lounge-pool-karaoke son centros equipados con tecnologías en proceso de desarrollo. Los DJ, la fidelidad, sonoridad, y variedad son el espíritu de estos locales. La extravagancia, la experimentación de sabores, olores, personalidades es el atractivo. Los precios están en función del servicio. Las entradas se atiborran de un público ansioso de romper con la rutina que agobia y ataranta. Alejarse de los caminos de todos los días. La cadena en las puertas solo permite el paso de los afortunados que están dispuestos a esperar y a pagar.
El consumo promedio por persona en este tipo de espacios no baja de $500, entre el cover, los tragos de al menos $100 cada uno, el valet parking y por supuesto la propina. Y cuidado y el consumidor resulta mal educado o incivilizado, para no dejar una sustancial propina. No vuelve a entrar nunca jamás, “oiga, tome para que complete para el camión” le dirán los meseros que se han esmerado en atender de la mejor manera al cliente, para que se divierta, se entretenga, se proyecte en otras dimensiones: “la propina es voluntaria pero necesaria”
En estos centros de entretenimiento y de calidad, el personal de servicio debe ser altamente calificado en todos los aspectos. Bilingüe –por supuesto- conocedor profundo de la psicología humana tanto como de la gastronomía y la coctelería del lugar. Experto en música, en actuación y por supuesto discreción.
Sobra decir que en ninguno de estos lugares se permite la introducción de botellas, refrescos, ni se toleran desfiguros, vulgaridades. A cambio se ofrece un excelente servicio y atención.
Por eso resulta lamentable observar que en las festividades sociales en el Sur de México se convierta en ley llegar con el “pomo” y negarse a la propina. “Es mucho el 15%” me dijo un conocido profesor de Tejupilco. “Es lo socialmente mínimo para la persona que sirve, respondí”. O la maestra que se ofende por meter su botella de “Martell” (adulterado of couse) y exigir vasos, hielo, refrescos, capricho que no se concede. Patético. Por eso continua lejos, muy lejos el Sur de México del resto del mundo.
Pero si usted busca un magnífico lugar por su calidad, atención y seguridad, diferente, por supuesto que lo esperamos en su casa en Tejupilco, Restaurante “La Misión”

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