BUFALADA

Después de cinco sucesiones presidenciales, sin interrupciones y casi sin incidentes. A partir de la fundación del PNR-PRM-PRI, obra genial del verdadero arte político y fruto de la riqueza social que trajo la Revolución para México. Tras del gobierno del primer presidente real de México, Lázaro Cárdenas, se sucedieron los sexenios de Ávila Camacho, Alemán Valdés, los de los Adolfos, Ruiz Cortinez y López Mateos y finalmente de Díaz Ordaz. Hasta que el arribo de Luis Echeverría Álvarez rompió con todos los órdenes establecidos, principios en que se sustentaba, fortalezas y salvaguardas políticas y comenzó el principio del fin, para el estado político mexicano y el sistema en que se sustentaba.
Si Miguel Alemán Valdez fue quien inició la ruptura del orden constitucional original y Díaz Ordaz cometió dos errores políticos fatales, el dejar impune la matanza de 68, llevada a cabo bajo las ordenes de su Secretario de Gobernación, peor aún fue, respetando las reglas no escritas del sistema, designarlo como su sucesor presidencial. Antes de tomar posesión del poder, LEA ya traicionaba a su antecesor. En el registro simbólico de la memoria histórica nacional, Luis Echeverría Álvarez comienza con un acto parricida el ejercicio de un poder desviado y perverso, dirigido a mantenerse al frente del país, en una especie de golpe de estado velado. La designación de José López Portillo, tuvo la intención de maniatar al sucesor y obligarlo a depender de su antecesor, en lo que llego a llamarse “minimaximato”, en recuerdo del triunvirato sometido por el poder de Plutarco Elías Calles, el “jefe Máximo de la Revolución Mexicana”.
No resulto lo que esperaba Luis Echeverría, pues López Portillo entendió el juego en que quedo atrapado y con el exilio diplomático se deshizo de la sombra de su predecesor. Peor le fue a México. Los errores se sucedieron uno detrás de otro. Designar a Reyes Heroles en Gobernación fue nombrar a un incapacitado político, en razón de su origen español. Colocar a un hampón al frente de la policía capitalina, que en los hechos operaba como Jefe de la policía nacional, en la persona del “Negro” Durazo, a un mercader de la política en la Jefatura del DDF, el nepotismo familiar, o la amante como primera Secretaria de Estado, privaron a López Portillo, de toda fuente de autoridad a la investidura que ostentaba. La crisis del petróleo que multiplico la deuda nacional por cinco y finalmente la expropiación de la Banca, a los especuladores, que no tienen patria ni nación, arrojaron al país a una encrucijada fatal, además de la quiebra económica.
Un mal Padre solo puede producir malos hijos. Miguel de la Madrid es la confirmación de una regla que solo admite excepciones ocasionales. Carlos Salinas de Gortari es la consecuencia funesta de la vileza y violencia desatada por Luis Echeverría. Los demonios sueltos avistados al termino del sexenio de Salinas, llevaban varios años de minar las bases de lo que fue algún día, un país felizmente ejemplar.
Tras un final de sexenio marcado por la traición y el asesinato, el parricidio simbólico inaugurado por Echeverría, se volvió real con el asesinato de Luis Donaldo Colosio, quien pretendía convertirse en el nuevo Jefe Político de la Nación. Es el lecho donde fue parido Ernesto Zedillo y las manos que mecieron su cuna, son algunos de los que ahora detentan el poder descarnado, aprovechando la conspicua medianía, de los representantes de las clases sociales reaccionarias afiliadas al PAN. Manlio Fabio Beltrones se llama el jefe mayor y Elba Esther Gordillo es el nombre de la Jefa Mayor. Eliminado Diego Cervantes de Cevallos, -otro padrino al tanto del parto del de Yale- los dos primeros se enfrentan a su enemigo natural.
Carlos Salinas de Gortari se ha adelantado hasta el momento y con el concurso abierto, descarado y cínico de TELEVISA, ha destapado una campaña que lleva años de estar montada, supervisada y conducida para que el gobernador del estado de México, Enrique Peña Nieto se convierta en el candidato del PRI y en la esperanza de reconquistar el poder, por otros medios, pero con los mismos fines. Nada que ver con la Presidencia Soberana y la Autoridad que emana del ejercicio político de un buen gobierno. El Poder, por el poder mismo.
En el lenguaje de la grilla política clásica le llamaban, la “cargada” o “bufalada”. Era el momento justo en que el gran elector en turno, el Padre de la nación, el Presidente en funciones, decidía en quien habría de recaer la responsabilidad de continuar la obra de gobierno. Atendiendo a las bases sociales que integraban al Partido, el PRI, se realizaba el anuncio que marcaba el inicio del besamanos, las genuflexiones, apologías, los abrazos y regalos. El peor escenario del arte mayor de una sociedad, el arte de la política se vivía cada seis años, en el ritual que marcaba la sucesión presidencial.
A diferencia de entonces, el ritual moderno esta realizado por guionistas y directores de escenografía, ante cámaras de televisión, tramoyistas, iluminadores y artistas. El teleculebrón Peña Nieto-La Gaviota, a pesar de la apuesta de Emilio Azcárraga, lleva visos de convertirse en un papelón más de la ambición por el poder de la malhadada clase política mexiquense, en particular la originada en el llamado Grupo Atlacomulco, como sucedió con el tío Arturo Montiel y su fortuna inexplicable (mente disfrazada), o el destape en off side de Alfredo del Mazo, los encubrimientos de Pichardo Pagaza, Benítez Treviño, las pesquisas de Bazbaz, Mario Ramón Beteta, los Hank Junior etc. etc. etc.

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