EL OCIO

Una de las palabras que más han sufrido los efectos del desgaste del tiempo, las ideologías e intereses poco humanos, es la que designa al tiempo libre y que inicialmente se entendía con la palabra shkolé, que en griego antiguo significaba el ocio dedicado a la instrucción y aprendizaje, diferente del tiempo libre utilizado para descansar. Es Grecia en la época magna, en la voz de los pensadores más sabios, Platón y Aristóteles quienes reconocen e identifican en el ocio instructivo, el propósito entero de la acción humana. “Del mismo modo que se hace la guerra para tener paz, la razón por la que se trabaja es para obtener ocio”

El ocio pasaba a ser el gran objetivo, la meta y finalidad del ser humano pleno, el único estado en que se llevaba a cabo la naturaleza toda de la acción del alma (pshyqué), de la inteligencia, la contemplación y la vida sabia, a diferencia de todos los demás actos, decían del bajo vientre, que practicados por las mayorías de los hombres, correspondían al registro de las pasiones del cuerpo y necesidades iguales a la de los animales y las bestias. Aunque no existía una palabra que propiamente definiera lo contrario al shkolé (de ahí se derivara luego la palabra escuela), se consideraba que los trabajos de servidumbre y por necesidad, eran los que desalojaban la capacidad de utilizar el tiempo libre para efectos de la contemplación y la enseñanza, de la creación y libertad, de la felicidad absoluta, exclusiva de las almas superiores de toda comunidad política.

A diferencia de Aristóteles, Platón que fue su maestro, difería del sentido exclusivo del ocio instructivo y lo generalizaba como una necesidad intrínseca de toda la especie humana y es la interpretación que siglos después se le otorga al ocio en el imperio romano. Cicerón el gran maestro latino habla del otium como un tiempo de descanso del cuerpo y recreación del espíritu, necesario para volver a dedicarse al trabajo. El ocio (otium) se convierte en un medio para la meta final que es el trabajo (nec-otium). Surge entonces una distinción básica para entender una y otra cosa. Ocio necesario e indispensable para el nec-otium de donde se deriva el vocablo Negocio, emblema y garante del principio de la modernidad, de la una y la otra, como complemento y no como contraste entre superiores e inferiores, entre quienes mandan y los que obedecen. Esto hace que se fomente el ocio popular a través del panem et circenses (pan y circo), a la vez que se conserva el ocio propio de la elite dominante. Ya no se busca el desarrollo personal a través de la participación en las actividades de ocio. El ocio, de esta manera, adquiere un carácter únicamente instrumental.

Un giro definitivo al sentido del ocio resulta tras la caída de Roma, que produce una desaprobación y condena del modo de vida en el extinto imperio. Los conquistadores, las tribus llamadas genéricamente barbaros, destruyen todas aquellas manifestaciones (estadios, teatros, circos, etc.) que simbolizan ese estilo de vida “ocioso” que modifica completamente el significado original del empleo del tiempo libre creativo y marcará el comienzo del culto al trabajo. Bajo esta nueva filosofía de la vida, se espera que las personas estén ocupadas con su trabajo la mayor parte del día, teniendo escaso tiempo para actividades de esparcimiento. De esta forma, el ocio disponible se emplea fundamentalmente para recuperarse del trabajo, para así, continuar con la labor. Es decir, el ocio pasa a ser una re-creación, con una finalidad instrumental, especialmente, para las clases sociales más bajas. Ahora estar de ociosos es la distinción de la gente inferior y no como originalmente se creía que era, esencial para ser superior a los demás.

La discusión sobre el ocio ha recorrido caminos muy largos desde entonces. Existen dos grandes escuelas de pensamiento dedicadas a tratar de entender y utilizar este término para beneficio de las clases dominantes. El mundo moderno, afectado por el despotismo de los Estados hegemónicos ya sean unos plutocracias descaradas o democracias simuladas, ambos modos de dominio perversos, las primeras basadas en la superioridad de las riquezas sobre todas las demás cualidades y las segundas bajo la creencia de que la superioridad numérica es la explicación única y verdadera, ha convertido al ocio en una forma de control y manipulación y dominio. Hay unos que se preocupan ahora por el ocio y su medida, su necesidad, efectos terapéuticos, aspectos culturales y sus consecuencias económicas.

El tema da para mucho más, por ahora quiero referirme al ocio y su utilidad en nuestro país que es México, donde este concepto tan indispensable para el ser humano y no animal, se traduce en el tiempo libre dedicado a la recreación y al esparcimiento, bajo las figuras más abyectas y lejanas a la filosofía primera de la libertad y necesaria realización. El ocio como forma de educación no existe en el discurso público. Es la televisión la encargada de alimentar el tiempo libre y de ocupar la atención disponible para entretener y distraer a la población -algunos como Fox llegaron a decir que quienes ven la televisión son más felices que los que leen los periódicos- es la señal abierta de televisión la dedicada a educar el carácter de la gente, inculcar principios, deseos, metas y objetivos: es el ansia del placer, el culto al físico de la gente, son los prototipos de belleza, los estándares de diversión, del culto a la muerte, el empleo de elixires, alcohol, drogas y mota los medios para estar contento, la música estridente, el reventón, la fiesta, los bikinis y el rocanrol, el lujo desmedido, automóviles, ropaje e indumentarias, es el lucro y la riqueza los valores y objetos de apetencia, sin límite y sin par. Es el presente reventado y el futuro prometido. El ocio instructivo no existe, el ocioso es quien no se acostumbra a este modo de ser y solo quien se divierte y se entretiene con los estereotipos imperantes, esta bendecido por dios.

Los resultados de esta manera de hacer las cosas en el ejercicio del poder en México se pueden ver para donde uno voltea. Muerte, represión, desconsuelo, desánimo social, desesperación. Lo más grave es el sentido unilateral e individualista con que se gobierna, la semilla de egoísmo y rencor sembrados, la debilidad a que han llegado los vínculos sociales naturales del carácter nacional. ¿Qué solución puede cambiar las cosas? ¿Qué hacer? Trataré de dar algunas ideas simples y fáciles en la siguiente colaboración.

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