CONTRARREVOLUCIÓN MEXICANA

Si partido significa parte, todo partido político significa parte política. Un Régimen de partidos es un sistema donde las clases sociales son partes del Estado y los partidos son la representación política de estas partes. Entonces cuando Cuauhtémoc Cárdenas declara, el día de la reinauguración del Monumento a la Revolución Mexicana, que los gobiernos (les llama neoliberales) de los últimos 30 años han dejado al país en condiciones peores que las que había en 1910, está diciendo que los gobiernos de 1982 a la fecha, provienen de un mismo partido político o que los partidos políticos de esa fecha al día de hoy, se han convertido políticamente en el mismo organismo representante de una parte de la sociedad: de una clase minoritaria, influyente, rica, profundamente corrupta, esencialmente corrupta, antinacional, alérgica a la independencia de México y enemiga declarada y confesa de la Revolución Mexicana.
Quizás el silogismo no alcanza a explicar, el profundo malestar que causa la gravedad de las sentencias que se dicen sin saber, sin entender o peor, a sabiendas de lo que fue el movimiento más importante que ha vivido México. La época de oro de nuestra historia se construyo por el movimiento armado de principios del siglo XX. Los auténticos héroes y líderes sociales, las instituciones y la forma de gobierno que verdaderamente nos dimos los mexicanos, fue gracias a la naturaleza del movimiento Revolucionario. Por el contrario, voces que por fuerza de la ignorancia o la ignorancia a fuerzas, pontifican contra el reparto de la tierra, el carácter de los caudillos, incluso la promiscuidad de Pancho Villa, casado (¡si, casado!) con más de 25 esposas y de Emiliano Zapata que rebasaba la veintena, en horas en que la virilidad nacional esta acorralada ante la ausencia de referentes ejemplares, la potestad celestial y los tentáculos feministas que, en términos beisbolisticos quieren pichar, cachar y batear, y todo al mismo tiempo.
“La revolución tuvo su cuna donde la humanidad sufre, en esos depósitos de dolor que se llaman fábricas, en esos abismos de tortura que se llaman minas… que se llaman talleres, en esos presidios que se llaman haciendas. La revolución mexicana no salió de los palacios de los ricos… broto de los jacales y ardió en los pechos curtidos por la intemperie de los hijos del pueblo” Decía Ricardo Flores Magón, intelectual y anarquista revolucionario en 1914.
Un siglo después, la mayor parte de los mexicanos hemos perdido toda representación política. Como en los EUA, donde los institutos que comparten el poder, el Partido Republicano y el Partido Demócrata, no solo provienen de un mismo origen sino que representan a los mismo intereses del gran capital, aquí en México, de 1982 a la fecha, el PRI y PAN han dejado de lado la discreción aparente que dicta la prudencia (el mayordomo de la razón) política, para construir juntos, el mismo prototipo de Estado, que favorece su ideal de nación. Un país de privilegios, de negocios, de clases sociales diferenciadas, economicamente subordinados, de flujos comerciales y migratorios, con base en las demandas de los mercados y el poder de los dineros.
“Que las manos callosas de los campos y las manos callosas del taller se estrechen en saludo fraternal de concordia. Porque en verdad unidos los trabajadores, seremos invencibles, somos la fuerza y somos el derecho: ¡Somos el Mañana!” Y quien decía esto era el hombre temido y despreciado por Madero y Carranza, los revolucionarios representantes de las clases conservadoras. Son palabras de Emiliano Zapata en 1918.
Sin rubor ni vergüenza, PRI y PAN han hecho a un lado las diferencias ideológicas y principios políticos y convertido la praxis inmediata, en razón de Estado, con el agravante que los demás partidos políticos han decidido apoyar al binomio en el poder: El PANAL de Elba Esther Gordillo, para cumplir con el papel fundamental, en el plan que le trazo su promotor y mentor, el de la manipulación, sometimiento y control de la niñez y juventud mexicana, para servir al mercado laboral yanqui (para hacer los trabajos que “ni los negros quieren hacer” V. Fox) y del narcotráfico (como carne de cañón); el PRD, en cambio, para no desentonar en la cadena de traiciones y vacilaciones que han caracterizado la historia nacional. Cabe recordar en estos tiempos centenarios, que el golpe de Estado asestado por Victoriano Huerta que culmino con el asesinato de los Madero y Pino Suarez, conto con el apoyo de todos los Generales del Ejército Federal, de todos excepto uno, Felipe Ángeles. Cabria recordar al sistema de partidos políticos, otro episodio histórico ejemplar, de un representante popular que se negó a reconocer a Victoriano Huerta y cuyo atrevimiento le costó no solo la muerte, sino la mutilación de la lengua de su boca: Belisario Domínguez.
"Muy estimado compañero y fino amigo", seguido de un: "Donde se encuentre". Comenzaba la correspondencia enviada por Pancho Villa… "Hemos decidido no quemar un cartucho más con los mexicanos y prepararnos y organizarnos debidamente para atacar a los americanos en sus propias madrigueras". Invitaba el Centauro del Norte, al Atila del Sur. "Le suplico me diga si está de acuerdo… y juntos emprender la obra de reconstrucción y engrandecimiento de México, desafiando y castigando a nuestro eterno enemigo (los Estados Unidos), el que siempre ha de estar fomentando los odios y provocando dificultades y rencillas entre nuestra raza".
El Caudillo de esta contrarrevolución que podría ser nombrada como le llama Paco Ignacio Taibo II a la Decena Trágica de la Revolución Mexicana, “Temporada de Zopilotes” tiene rostro y nombre: Carlos Salinas de Gortari. Algunos de los que le han acompañado en su obsesiva y compulsiva ambición dictatorial, son los desaparecidos Colosio o Fernández de Cevallos. El candidato, candidote a continuar al frente de los intereses de las oligarquías criollas y las plutocracias internacionales, particularmente las norteamericanas, es Enrique Peña Nieto, quien a su vez podría ser llamado como le decían, a quien encabeza el alzamiento y asesinato contra Francisco Madero, me refiero a Félix Díaz, el sobrino de Don Porfirio y cuyo único mérito era ser el sobrino, el sobrinísimo.

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