APUNTES SOBRE EL DEPORTE EN MÉXICO

Hace 25 años se llevo a cabo por primera vez la Carrera del Día del Padre en el Bosque de Tlalpan. Fue mi primera competencia “oficial” tras casi un año o más de entrenar diariamente. Toda mi vida he practicado el ejercicio diario, como un entrenamiento permanente para estar siempre en condiciones de competir. Al cambiar mi residencia a Temascaltepec continúe con esta sana costumbre; corría y me ejercitaba todos los días, por el camino a Real de Arriba, subir a Magdalena, por tantas veredas llenas de frescura y de belleza, hasta que me canso no ver a nadie más, no compartir con otros las rutinas atléticas, harto de sentirme el hazmerreír de las miradas al pasar, alguien contra quien competir, con quien disfrutar el gusto por el deporte. Me resigne a que en mi nueva vecindad no se entendía el deporte, nadie lo practicaba y entonces, a partir de 1995 me hice socio de Sport City y viajaba hasta el DF, dos veces por semana a seguir entrenando con la modernidad de la tecnología deportiva, en una alberca de agua tibia y finalizar con un vapor o un baño turco.

Me parece que voltear a ver mi vida en el tiempo (y ya hay una “vaca sagrada” del magisterio que me tilda de pequeño burgués -¡salve Marx!- por recordar y comparar) me hace ajeno a este país o por lo menos a esta región sur del estado de México. Porque desde muy niño, el deporte fue una materia principal en todas las escuelas de entonces. Porque los mexicanos aprendimos a tener conciencia de la salud, derivada del ejercicio: de la máxima de que en cuerpo sano existe una mente sana. Porque en la década en que me hice adolescente ¡claro que ayudo mucho! la promesa de las Olimpiadas de 1968 y dos años después el Campeonato Mundial de Futbol, otorgados a nuestro país gracias a gobiernos represores, pero Republicanos (el PRI antes de Luis Echeverria). Parecido a lo que ahora vive Brasil, pero con gobiernos populares y socialistas (el de Lula tres veces derrotado antes de conquistar la Presidencia) y no en cambio, como ahora sufre México, sometido por gobiernos demagógicos-corruptos (PRI) y clericales-reaccionarios (PAN): dictaduras simuladas, cada vez más descaradas.

Hace cincuenta años el deporte era una obligación y una responsabilidad que asumía la sociedad mexicana. Era el mensaje en los libros de Texto Nacional. Así comencé a jugar béisbol en la Liga Anahuac, en el equipo de las Ardillas, patrocinado por la compañía 3M. Jugaba béisbol sábados y domingos, entrenaba los miércoles, porque martes y jueves asistía a tomar clases de natación en las instalaciones del IMSS Unidad Morelos. El terror de saltar de la plataforma de clavados, solo lo compensaba por el horror que sentía cuando me llevaban a aprender a tocar el piano, pues mi Padre, un verdadero sabio con estudios de primaria; y mi Madre graduada en la Escuela Cámara de Comercio –no cometía una falta de ortografía y dibujaba una letra manuscrita preciosista- sabían de Mozart y de Beethoven y como ellos, me obligaron desde los 6 años a ir las tardes que me quedaban libres, a mis clases de música.

Todo ese ajetreo transcurría cuando aún no llegaba a la edad de 8 años, porque a partir de entonces comencé e recibir cursos de ingles, pues era obligado dominar el idioma de Shakespeare. A pesar de todo y con todas esas cargas, a la generación de entonces, de tenis Superfaro y pantalones de mezclilla “engrasados”, nos sobraba tiempo para jugar en las calles al futbol, echarse unos buenos partidos de frontón en la pared eternamente abandonada de la “Fabrica de Colchas” de Curtiduría y Albañiles y jugar con la palomilla a la “metita”, al trompo, al yoyo o al balero y claro agarrrarse de vez en vez a trompadas, con los “grandotes”, los encajosos” o con “los primos que te caían gordos”, sin preguntarse si eso era bullyng, o si mi “autoestima” se vería afectada, sin drogas, ni alcohol, ni dudas existenciales, depresiones, bipolaridades o debilidades manifiestas y explicitas en la juventud mexicana “digitalizada”, la de hoy.

Este ritmo de aprendizaje lo mantuve hasta cerca de los 18 años, cuando la disciplina estricta impuesta por mi Padre y la necesidad económica, que entonces comenzó a afectar a la familia, me llevo a enfrentar un dilema: ¿quieres estudiar?, me pregunto mi Padre: trabaja, yo te doy casa y comida. Toda una paradoja, por cierto cuando ahora hay leyes que permiten que un hijo entable una demanda contra su progenitor, que decida no seguir manteniendo la vida de los vástagos en edad de “estar estudiando”.

Era imposible entonces la existencia de “ninis” porque aún no se extraviaba la autoridad (la Paterna y la Política) para obligar a la juventud a estudiar o trabajar. Existía por supuesto convicción y conciencia de México. Además había algo verdaderamente importante que hoy ya no se ven, desaparecieron, como especie, se extinguieron: los maestros verdaderos. Se han acabado los maestros que nos instruyeron en la primaria, -la maestra Tere o Ernestina- tantos en la Secundaria, -por encima de todos Robertina y sus matemáticas que me fascinaron-. No se diga de las eminencias que nos educaron en la Preparatoria. Maestros por vocación y generosidad. Maestros sapientes, doctos, expertos en su saber y no en mamarrachadas pedagógicas. Dueños de un saber que uno, el alumno tenia que aprender, aprehender, para saber, para entender, para luchar y sobrevivir.

Creo que esto es muy visible en el triunfo que ahora celebramos con motivo del futbol de los menores a 17 años. Son jóvenes que se zafaron de las garras de las escuelas y mejor optaron por la práctica del deporte, por su esfuerzo personal y con el apoyo de sus familias, (las familias del “Chicharito” o la “Momia” Octavio Gómez, son notables, ante todo por estar INTEGRADAS) y olvidaron la nefasta influencia de los “maestros de hoy”. Jóvenes que todavía no son atrapados por las garras del comercio, de la ambición y el dinero.

Los promotores deportivos, los intereses comerciales, los equipos profesionales, las marcas patrocinadoras, las televisoras en primero lugar son para el deporte lo que el magisterio sindical es para la juventud estudiosa: un gran pantano donde atascarte y ser absorbidos es el negocio, es engaño, es el poder

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