MÉXICO A LEER

“No entiendo un periodismo sin ideales”

Manuel Buendía

El pasado domingo tuve oportunidad de leer CARTAS SUREÑAS, mi libro recientemente publicado, en el marco de un evento organizado por el Gobierno de la Ciudad de México y el Consejo de la Comunicación, al pie del Monumento a la Revolución, en la Plaza de la República. Acto mal organizado, sumamente cansado, aburrido y que adoleció de una definición precisa, pues lo que invitaba al fomento de la lectura, a disfrutar de la magia de la creatividad, de la imaginación compartida, del intelecto, de la fantasía, del saber, el conocer, a estar informados, a pensar, al acto de la reflexión vista en el espejo de los otros lectores, en realidad fue un acto de muy corta duración, poca o nula inspiración y de mayor atención a personajes incomprensiblemente llamados a encabezar, un acto de naturaleza tan distinta.

Ver y oír a Carmelita Salinas declamar la Suave Patria de López Velarde, era para regresarse corriendo al Sur de México. Peor fue “chutarse” el discurso plagoso de un vendedor de talcos, cremas, remedios espirituales y encantamientos ficticios, un tal Mariano Osorio. Como ellos, otros “talentos” de la pantalla de televisión, ganaron la atención de los medios que cubrían el acto de la lectura y poco o casi nadie se interesó en los escritores, quienes además brillaron por su ausencia. Excepto Sealtiel Alatriste a quien pude saludar tras casi 20 años de no hacerlo en persona, se contaron apenas quince colegas más.

Lo importante es que pude asistir y darme el lujo de leer de viva voz algunos de los pasajes que mas me gustan de mi propia obra. Esta experiencia me hizo recordar muchos incidentes y anécdotas por los que he caminado a partir de que tuve en mi librería de Tejupilco, la caja con los ejemplares que pude mandar imprimir, por mi cuenta y bajo mi responsabilidad. Porque de CARTAS SUREÑAS además de autor de lo que contiene, también hago las veces de editor, diseñador, productor y distribuidor, lo cual le da un doble o triple valor a mi trabajo.

Recuerdo mucho que cuando me aboque a la tarea de elaborar la tesis que presente para sustentar el examen profesional para obtener el titulo de Economista, lo hice de una manera muy parecida al parto que ha dado origen a CARTAS SUREÑAS. Tenía entonces, a principios de la década de los 80’s mucha decepción por los estudios realizados. El exceso en la carga de materias orientadas a la interpretación marxista leninista, del mundo y de la realidad me tenían fastidiado. Además sabia que nada de lo que se postulaba en esos esquemas eran ciertos ni validos. Por mi formación no tuve dudas de que era en el campo de las matemáticas, no donde iba a encontrar el camino correcto a la solución de los problemas nacionales –esos se solucionan haciendo política pura y real- sino en donde no iba a encontrar competencia de ningún compañero economista.

Por lo tanto mi tesis se convirtió en una tesis de tesis. En ese tiempo, ni en México ni en el mundo se escribía de cibernética, ni se elaboraban modelos de simulación económica, menos a través de programas de computadoras y el exceso provenía cuando al modelo de mi invención (el IPGG), le adicionaba rutinas de soluciones matemáticas en extremo complejas, modelos de análisis estructural inéditos en la academia y resultados interpretados a la luz de todo el herramental matemático. Además, todo este ejercicio lo realizaba entonces, absolutamente en la soledad de mi recamara, o en noches a altas horas, en el departamento de computo de la extinta SPP. Una vez concluido el proceso –con una pequeña gran ayuda de mi amigo Arturo Chacón, un actuario “perrón”- me dispuse a encontrar un “Director de Tesis”, un chileno simpático, Jaime Zurita, quien quedo pasmado por el producto que tenia enfrente, completamente terminado.

CARTAS SUREÑAS ha recorrido un camino muy parecido al de mi libro inaugural. Ensayo difícil de explicar, quizás lo que pudiera ayudar a entender de que se trata lo que he escrito, es un anécdota que se atribuye al reclamo que hace Alejandro Magno a su maestro Aristóteles, cuando se entera el conquistador, que el sabio de Estagira había publicado el libro de la Política, saber que consideraba reservado el macedonio, para quienes se educaron directamente con el Maestro. Aristóteles replica con un “no te preocupes,” pues, palabras mas, palabras menos del Filósofo, lo que ahora esta dispuesto para el resto de la gente es solamente un saber exotérico, una especie de guía para identificar el verdadero conocimiento esotérico, propiedad, esa si, exclusiva para los iniciados bajo su maestría.

Porque la cantidad de propuestas, tesis, análisis, definiciones, pasajes y referencias históricas o autobiográficas contenidas en el cuerpo de CARTAS SUREÑAS son muy amplias, tan ambiciosas como la oquedad de la vida activa que se padece en el Estado de México, bajo la dictablanda de la dinastía atlacomulca; sometido por el poder de una suerte de “casta divina” matlatzinca, de baja estofa y peor ralea, pero muy mañosa.

CARTAS SUREÑAS ha sido escrito como un homenaje a la Ciudad de México, pero ante todo al Sur del estado de México, empleando como vehículo de entrega la sabiduría omnisciente, enfocada a saber todo y entender todo: sociedad, formas de gobierno, historia, moda, bailes, gastronomía, alcoholismo, béisbol, futbol, ajedrez, sexualidad y amor, el ocio, guerra y paz, educación y la mala educación de nuestros días; psicoanálisis, -Freud y Lacan-; Filosofía, -Hegel, Platón y los presocráticos-; Grandes literatos -Shakespeare, Stendhal, Víctor Hugo, Sade, Cervantes, Moliere- Premios Nobel y contemporáneos infaltables, como lo son: Vargas Llosa, Octavio Paz, Gabo Marques, José Emilio Pacheco, Monsivis, Gabriel Zaid.

Pero CARTAS SUREÑAS es ante todo una apuesta para explicar el proceso de revolución y contrarrevolución que han llevado a México de ser un estado ejemplar y nación feliz, a una país despreciado en el concierto internacional, una nación en guerra fraticida, un gobierno sometido a los dictados de los EUA, una estado corrompido, avaro y cobarde

Creo que CARTAS SUREÑAS cumple con su propósito y sirve de mucho más en ese sentido exotérico, para entender, lo que a su vez reclama mucho trabajo reservado, particular y dedicado. Como todo en México, CARTAS SUREÑAS ha enfrentado las cuestas, patéticamente tradicionales, tan típicamente nacionales: envidia, desprecio, obstáculos, recelos. Sobre todo miedo, mucho miedo al sentirse retratados los actores privilegiados, en el concierto de abuso, de horror y de poder.

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