RIQUEZA Y POBREZA

Si algo define al estado de México es el contraste brutal entre riqueza y pobreza. Es lo que se denuncia como inequidad. Es la falta de justicia en el sentido estricto de la virtud que trata del justo medio entre dos extremos. Es el espejo del estado de México, donde un extremo concentra enormes riquezas materiales y poder absoluto, en tanto que el polo opuesto, el extremo de la falta, no cuenta con los recursos suficientes para vivir bien. Inequidad y equidad, justicia e injusticia, ley y derecho son términos que se emplean como sinónimos aunque quieran decir cosas diferentes. Puede haber un derecho basado en leyes, que sean justas pero no equitativas; lo mismo que puede haber acciones justas y equitativas que sin embargo no sean permitidas por la ley, en el marco del derecho de un estado. Suele pasar que la constitución escrita no corresponde con la constitución legal y esta a su vez tampoco merece la constitución política que guarda y menos se ajusta, a la constitución real de una nación. Es lo que “brinca” precisamente en tiempos de elecciones mexiquenses y sobre lo que hay que actuar, con inteligencia y con valor: ante una medida inequitativa hay que responder con medidas que pueden ser equitativas y justas, aunque no sean legales. El fin justifica los medios o en la frase que mas choca con las inconsciencias conservadoras: “al diablo con las instituciones” por inequitativas, corrompidas además de injustas, aunque sean legales.
Porque existen además tentaciones fascistas por engañar a la opinión pública, con reiteradas declaraciones respecto a la riqueza y pobreza: así se afirma que lo mismo alcanzan seis mil pesos mensuales a una familia, para tener casa, el gasto diario y pagar colegiaturas; que se repite a diario que hoy se pueden adquirir más cosas que antes; lo mismo que se difunde que México ha dejado de ser un país pobre, porque las mediciones del PIB (la medida de la renta, de los ingresos nacionales, globales y de nueva creación) per capita (medida por el promedio simple de riqueza entre numero de mexicanos) coloca al país por encima de otros países con niveles inferiores, al promedio de riqueza por cabeza. Sofismas demagogos, los parámetros nacionales lo mismo que los internacionales son completamente ajenos a la realidad de las cosas. La experiencia diaria demuestra que México es necesariamente un país más pobre, porque así se delibero voluntariamente desmantelar nuestra patria (y con ello la concesión del Gobierno a representantes del PAN), a raíz de la firma del Tratado Comercial con EUA.
Quizás lo importante sea entonces volver a recordar lo que es la riqueza y en donde habita la pobreza, y las cuentas podrían ser muy diferentes. No hay nada más patético que un sujeto que porta una cadena dorada en el pescuezo, que lo ata a su naturaleza y define en su esencia. Viajar en una “troca” enorme, portar un teléfono celular de múltiples colores y foquitos o adquirir por más de dos millones de dólares sus ajuares de ropa en Rodeo Drive, como lo hace el Gel Boy Enrique Peña Nieto, es demostración precisamente de la pobreza, contenida en el interior del alma intemperante, de un sujeto, preso de la abundancia
Por eso bien dice el cantautor Joaquín Sabina, que hoy en día solo se puede considerar verdaderamente libre, el individuo que no depende del automóvil y no utiliza un teléfono celular. Es el contraste con la opinión que remachaba al público, un conductor de Televisa, quien al hablar de pobreza y transmitir imágenes de tragedias como inundaciones, accidentes o incendios, donde la gente sufre las consecuencias de la naturaleza o de la corrupción, decía el cínico analista que el mobiliario (destruido) de la gente, comprueba que no son pobres, por tener estufa, televisión o computadora.
Creo que hay que volver a recordar la naturaleza real de la riqueza, la que se tiene y a veces no se ve, la riqueza que en verdad resulta útil, es buena y hace agradable a quien la posee: sin duda que se necesitan los bienes suficientes para mantener una adecuada calidad de vida (alimentación, cultura, servicios) pero no puede faltar el tener una familia y amigos verdaderos. Son ricos aquellos que gozan de la amistad virtuosa y noble, agradable y bella, así como útil y necesaria; y en contraste, son pobres quienes son despreciados y no son queridos. Riqueza es mantener el honor como principio, la amistad como base y el saber como camino. Por el contrario son pobres los miserables que traicionan, roban o matan; quienes viven rodeados de amistades viejas o de interés, nunca virtuosa, y para los que la sabiduría es un asunto incomprensible, justamente por eso su pobreza. Son ricos quienes conservan, protegen y dirigen a su familia; son ricos quienes con valentía –no con audacia y menos cobardía- sabiduría y justicia, apelan a la la prudencia y la humildad, para vivir como un Dios. Son pobres por el contrario, quienes ven en la desintegración de su familia, en su perversión (como Hank Rhon, acusado de asesinar a una nuera), un trance no solo “normal” sino común y corriente. Los pobres son injustos incluso consigo mismos, imprudentes y de esa cercanía con la tierra, el sentido de la voz humildad, esta casta de arrogantes (PRI zombis mexiquenses) resienten aversión y temor, mucho miedo.
Es rico quien respeta, merece respeto y ofrece respeto. El respeto es innato a los seres que lo merecen y no es un asunto de ganar o perder. Es pobre el que acomete a diario contra todo aquello sagrado y honroso, ante todo contra los progenitores de uno mismo: la madre que engendra y el padre que da la vida. Es rico el liberal con lo que tiene, ni se excede en dispendio, ni es avaro y es ante todo libre, sin ataduras y sin miedos. El hombre libre es el que guarda la disposición para encontrar la ruta verdadera para abandonar la esclavitud natural, la que proviene de la ignorancia que empobrece la vida. Son pobres entre los pobres quienes ostentan sus bienes materiales con impudicia, en señal de la mayor esclavitud que puede existir, la servidumbre voluntaria.
Es rico el que es educado, tiene un carácter noble, bueno y bello, y es solidario y en comunión con toda la ciudad. En contraste con el pobre rico, dueño de un modo de ser bestial, rústico y aldeano (no puede hablarse aquí de carácter) a quien el egoísmo lo estigmatiza, en ese sentido de amor delirante, homosexual y destructivo, por la imagen de si mismo y de una supina ignorancia, que lo convierte en todo un sujeto redomado.

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