100 MEXICANOS DIJIERON

Que no se han cumplido ni tres lunas desde que abrió sus puertas la tienda Chedraui y ya se generaliza en Tejupilco, la opinión de que sus precios son caros y la calidad de sus productos es baja o mala. No obstante, se anuncia la próxima apertura de otra tienda de esta clase en esta plaza, antes de fin de año. ¿Porque? Creo que, al igual como sucede en esta época con la idea de la belleza y la felicidad, fundada en la forma y figura del cuerpo humano, los denominados supermercados entre la sociedad gringa, tan proclive a maximizar sus acciones, e hipermercados para los franceses, como símbolo de distinción y precisión, se explican por valores inculcados, aspiraciones, imitación, por conceptos equívocos cuyo origen es el comercio y la ganancia monetaria (otro ejemplo es el de la voz computadora, que los norteamericanos generalizaron, derivada de “computing” o calcular y los franceses “informatique” o información, más correcto, aunque en España siguen llamándole ordenadores a las máquinas que calculan y almacenan información)
Así como en la televisión o en cualquier publicación de gran tiraje, el culto a la figura –en especial la femenina- pasa a constituir el sentido de la vida y para nada se revelan los encantamientos de la inteligencia, la sensatez, las virtudes o cultura, como condición necesaria y obligada para ser feliz, de la misma manera acudir a hacer las compras en aquellas tiendas de “autoservicio de los clientes que cuentan con departamentos separados para líneas completas de alimentos y productos no alimenticios, con manejo de grandes volúmenes y precios rebajados por productos específicos” en ningún momento se recuerdan como razones, la economía doméstica, el gusto gastronómico o el respeto al buen sentido comercial, al momento de acudir a este tipo de centro comercial. Se persigue el cuerpo en detrimento del alma (psiqué) humana, tanto como se goza el estatus social, contrariamente a la cordura doméstica.
Cabe señalar que el primer supermercado se estableció en los Estados Unidos, en la ciudad de Nueva York, allá por 1930 y que el primer negocio de esta clase en México DF, abrió sus puertas en 1962, primero Aurrerá de la colonia Tránsito y en seguidita la Comercial Mexicana en la colonia Asturias, en el mismo lugar donde estuviera el legendario estadio de futbol, del mismo nombre. Ambas sucursales aún existen y constituyen una prueba fehaciente del imán y del éxito de esta tipo de servicios.
El concepto de supermercado esta asociado, necesariamente a la aparición previamente del automóvil y del refrigerador: para transportarse a distancias mayores a los mercados locales, para cargar mayor cantidad de mercancías y para tener la capacidad de almacenar en refrigeración o congelamiento los productos que lo requieran. Pero iniciar un supermercado requiere de empresarios audaces, conocedores e innovadores. Puedo decir con orgullo y satisfacción que ese fue mi caso durante la década que existió el Mayoreo del Sur en Temascaltepec, con una ventaja muy particular sobre los modernos hipermercados, en que el manejo y control se llevaba en familia y que este ensayo duró, mientras no estallo a mediados de los noventas la quiebra nacional deliberada, para desaparecer negocios como el Mayoreo del Sur y familias, presas de angustias y compromisos inesperados (en 1995 los créditos contratados en tasas de interés del orden del 2 o 3 % se elevaron a 25 al 30% volviendo impagables los empréstitos). Siempre me rehusé a emplear la palabra supermercado, por la connotación yanqui de la palabra y el desprecio que siento por el modo de vida norteamericano, banal, codicioso, vulgar y de mal gusto. Pero como todo, El Mayoreo del Sur ya tenía una historia previa, que bien recuerdo, desde el mero principio, cuando las tardes del sábado se volvieron de compras, a veces a Aurrerá, aunque la mayoría de las ocasiones a la Comercial Mexicana. Era subir al coche lujoso de los buenos tiempos de mi Padre, pasar por mi abuela y junto con mis hermanos y mi Madre ir al “súper”, de aburrirse esperando, despertarse con los reclamos de mi Padre a la abuela diciéndole “mama ya no te andes robando las cosas” y mi abuela de risa franca y fuerte contestando: “chato, no me digas nada, es que se me antojo” Cargar las bolsas, maravillarse al colocar todo sobre la mesa de la casa y verla llena de productos, mientras mi abuela se solazaba con el salero o la cuchara que otra vez había hurtado, sin que nadie se diera cuenta, una vez mas.
Por eso cuando llegue en 1987 y me di cuenta que en Temascaltepec las tiendas cerraban dos horas a mediodía y los domingos a las tres de la tarde; o cuando supe que la gente no comía jamón ni salchicha, sandia o queso, “porque eran fríos” y preferían los alimentos “calientes” (todo un absurdo en la cultura de la “modernidad”) y que la leche ultrapasteurizada, además de ser “fría” ni siquiera era conocida, o que la oferta de abarrotes consistía en jabón Ibis, en detergentes Foca y Roma, Harina, pero de “La Unión”, tequila Sauza, azúcar, piloncillo. Cuando me entere que los dos tendejones que competían entre si condicionaban a sus clientes, como auténticas tiendas de raya, donde gastar el sueldo de los sábados era requisito indispensable para continuar mercando los productos preferidos, se me hizo fácil acabar con la competencia, máxime por haber dedicado parte de mi tiempo profesional dentro del Gobierno Federal, al estudio económico de esta clase de establecimientos comerciales. Hasta que la “changarrización” impulsada por Fox (vanagloriar el empleo de subsistencia) le dio la puntilla a este negocio que como Julio Cesar: Vini, Vidi, Vinci… por un tiempo jeje, como debe ser.
El Mayoreo del Sur es un buen ejemplo de lo que debe hacer ahora el comercio en Tejupilco. Buenos diagnósticos, trabajo y sacrificio, desterrar la vanidad y el egoísmo, que ciega el sentido común y ante todo mucha honestidad, que es el valor que comercialmente resulta más difícil de encontrar en esta plaza. Porque se ha impuesto, siempre imitando a los gringos, en un poblado de gran migración al norte, que el dinero lo justifica todo y así los productos piratas, adulterados, los kilos de 900 gramos, las mercancías robadas, en proceso de descomposición, los jugos de a “diez” con sabor a cáscara amargosa, la carne colmada de clenbuterol y sin control sanitario, el comercio ambulante al servicio de “grillas” locales, la simulación de los encargados oficiales, las escuelas “patito”. Un sector comercial desunido, sin organización, presa de aventureros y charlatanes, de “expertos” toluqueños de Comercio, Economía. El sector comercial en Tejupilco será literalmente “barrido” si no se organiza de una manera completamente diferente, comenzando por la organización política, en esta hermosa y sui generis sociedad sureña.









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